AATIENZA

22 Su esplendor La aprehensión del entorno y el arte del mimetismo En torno a la década de los setenta, da inicio una nueva etapa para Angel Atienza. En 1971 conoce a Mari Carmen, el gran amor de su vida, una mujer de cuya mano, irrumpe con fuerza en un esplendor que ni siquiera había imagina- do. Con ella, deja Angel atrás un pasado cargado de dificul- tades personales, aunque también debe abandonar con ello sus orígenes, algo que no crea en el artista pesadumbre alguna, porque su insaciable curiosidad e inquietud, se ven en todo momento respaldadas por su compañera y más leal apoyo. Se abre de este modo una época marcada por un profu- so dinamismo, buscando integrar diseño y funcionalidad, mezclando conceptos abstractos y figurativos en un pro- ceso de investigación permanente conducente a una obra peculiar que siempre buscaba dar respuesta a las increíbles capacidades expresivas del vitral: su estandarte. Angel y Mari Carmen deciden irse a vivir a Venezuela, ani- mado por un cliente habitual del artista, oriundo de Cara- cas. Trabaja para él en diferentes proyectos arquitectóni- cos durante un cierto tiempo, creando murales con hierro, bronce y aluminio, e incorporando sus monumentales alto relieves de hormigón o cerámica dentro de la estructura de sostén de multitud de edificios tan singulares como em- blemáticos. Indudablemente, la omnipresente y exuberante vegetación tropical influyó sobremanera en su inspiración, rica en ele- mentos vegetales, representados bajo técnicas marcada- mente impresionistas, desde luego. Aplicando conceptos naturalistas y siguiendo un cierto liris- mo modernista, Atienza vive una época prolífica y creativa, donde da rienda suelta a su sorprendente creatividad, de- mostrando una inusual capacidad de trabajo. Construye su estudio-taller –cuyas obras finalizan en 1990, un vasto espacio de trabajo de 2600 metros cuadrados de superficie donde el espacio acapara el gran protagonismo. Vitrales, murales y esculturas van saliendo de su factoría artística como espléndidas demostraciones de cuan actual puede llegar a ser el lenguaje del vidrio, permitiendo que la luz se texturice al atravesarlo y dotándolo de una magia indescriptible. El mero hecho de poder abrir brechas a través de las es- tructuras mediante el uso de la luz como un elemento más, poderoso y dinámico, entusiasma al artista quien, cono- cedor de sus posibilidades, proyecta y crea con ímpetu y pasión, obras llenas de vida, espacios armónicos y equili- brados, a lo largo de una fértil época dorada que el mismo describe con satisfacción: “Tuve la oportunidad de llegar adonde quise llegar” Prácticamente sin limitaciones que frenaran su desbordan- te imaginación, trabajó Atienza durante años, haciendo siempre prevalecer sus tendencias impresionistas, aunque no saliéndose en ningún momento de esa marcada línea de expresión que, instintivamente había ido forjando en todos y cada uno de sus trabajos, a lo largo de su nutrida trayectoria. Obviamente, tan ingente creatividad, lucía el mayor de sus esplendores habida cuenta de la magnitud de sus murales y vitrales. Espectacular es el vitral de cemento del aero- puerto nacional Simón Bolívar (Caracas, Venezuela), o los 1980 – Imagen retrospectiva del artista con motivo de una entre- vista a la prensa. Foto de archivo. Venezuela.

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