AATIENZA

23 vitrales curvados del Museo de Dios (Maracaibo, Venezue- la). El mural de alto relieve, hecho de hormigón y bronce, que creó para la entrada principal de un edificio residencia de Caracas en 1984 es de un impacto visual realmente ex- traordinario, como también lo son los espléndidos murales cerámicos –muy bizantinos, especialmente diseñados por el artista para las famosas cervecerías Polar (1979) o el Hotel Meliá Caribe (1977), sólo por citar algunas de las piezas más rompedoras y originales. Pero no sólo fueron grandiosos los murales y vitrales de este prolífico artista, sino que también nos encontramos con una sorprendente diversificación creativa materializa- da en forma de insólitas creaciones, tanto en forja como en vidrio –frecuentemente ornamentado este último con un cromatismo armónico y bien estudiado. Puertas, clara- boyas, balaustradas, lámparas o lucernarios son sólo algu- nas de las formas que adoptó su potente imaginación que, gracias a su talento, supo realizar innovadoras muestras de las inmensas posibilidades artísticas que una sabia combi- nación de materiales podía llegar a arrojar. Una de las piezas más relevantes y regias de sus últimos años de permanencia en Venezuela es la reja escultórica con puerta de hierro forjado y vidrio de color que da ac- ceso a la iglesia Nuestra Señora de Loreto o las lámparas y frente escultórico de Sagrario de vidrio de color y hie- rro forjado que podemos admirar en el Santuario Nacional Nuestra Señora de Coromoto. De licencia artística o solemne capricho podríamos consi- derar algunas de sus preciosas lámparas, consolas o apli- ques, realizados en hierro forjado y cristal coloreado, donde la luz adquiere una dimensión diferente al adquirir texturas y cambiar de tonalidad, no solamente a merced del vidrio a través del que penetra, sino del momento del día o las condiciones atmosféricas, un efecto de connota- ciones próximas al misticismo, merced al capricho, siem- pre impredecible de elementos naturales. De su amplio legado artístico, quedan igualmente muestras de su talento escultórico, algo que es de suponer en un artista que ha descubierto las posibilidades espaciales que otorga el manejo de volúmenes con cemento o cerámica, no ya solo como simple red estructural de un vitral, sino como elemento artístico provisto de personalidad propia. Algunos de estos ejemplos los encontramos en sus escul- turas en aluminio, vidrio o hierro, entre otros materiales, donde la diestra y experta mano de Atienza ha sabido con- seguir someter a los elementos en pro de un impacto visual espléndido, que difícilmente deja indiferente. Su escultura en aluminio ubicada en el edificio residencial El Ancla es una buena muestra de su capacidad, así como también lo son la serie de esculturas en vidrio que fue- ron especialmente creadas para su exposición en la galería Rottenbourg (Madrid), entre otras. Pese a no ser un hombre demasiado categórico en lo que se refiere a sus creencias religiosas, las iglesias, templos o santuarios llaman poderosamente su atención. “La iglesia no es algo natural. Es pura imaginación” Confiesa el artista su atracción por el espacio. “Mis pintu- ras, –nos dice a modo de revelación-, no se caen. Es funda- mental hallar el equilibrio para acceder a la belleza” Y desde luego que lo consigue, puesto que con un lengua- je actual y vigente, en constante evolución, siempre con- siguió impregnar sus obras de un peculiar romanticismo, quizás motivado por la impronta que la conquista de la luz, unida a la exuberancia vegetal que durante tantos años acompañó sus horas de trabajo en su envidiable taller de Caracas, ha marcado siempre su visión creativa. Algunos de sus bocetos, de una magnitud insuperable, re- crean escenarios de excelso verdor y un simbolismo de- licioso. Salpicados de detalles alegóricos, el excelso co- lorido de las piezas de vidrio se resiste –con admirable dignidad-, al tratamiento térmico o, simplemente, al S U E S P L E N D O R Boceto artístico de una de las espectaculares vidrieras diseñadas por Atienza

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