AATIENZA
S U MA D U R E Z 40 Pero además, en toda su obra, se entrelazan –como en fino encaje-, sensaciones encontradas, sentimientos cristali- nos, símbolos tamizados, sueños en su más pura esencia o pasiones apuradas, como un buen habano, hasta el último aliento. Es la contemplación de sus obras como una especie de se- cuencia de escenas donde siempre se halla un hilo conduc- tor que nos permite visitar el sueño original del artista. Las formas, geométricas y rotundas unas veces, templadas y clementes otras, pero siempre armónicas y equilibradas en su conjunto, se esparcen hasta los linderos de cada uno de sus territorios, difuminándose como si no quisieran marcar un final, sino un despertar, para volver a dormir más tarde, en otro momento y otro lugar.
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