ANTONIO DÍAZ GARCÍA - ESCULTURAS

Aferrado al firme estandarte de sus designios, serpen- tean las apetencias creativas del prolífico escultor del metal al tiempo que abraza ese mástil impregnado con una alquimia de maderas, resinas y esencias, con un abanico de notas que invocan la fragancia del romero, del tabaco y la lavanda. Tentado por alcanzar la copa de un excelso pino que apunta hacia las estrellas y en torno a cuyo enhiesto tronco se lía, encaramándose como hiedra trepadora, adhiriendo sus poderosos zarcillos a la piel del frío metal para alzar el rostro y contemplar paisajes que hasta ahora solo ha soñado, pero que sabe que están, porque los abarca todos con su mirada. La impoluta verticalidad de estas piezas me reconforta. Es la recreación sintetizada de una ética sin concesio- nes, de esa estricta y severa disciplina con la que exhorta a la plasticidad del obcecado hierro para vencer sus propias restricciones. “Retenido y a la espera” (2009) Hierro macizo. Peana de hierro. 160 x 40 x 30 cm.

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