ANTONIO DÍAZ GARCÍA - ESCULTURAS
poreización de la energía. Sin ánimo absurdo de comparación, porque no la hay, Julio González fue antes un soldador, un mecánico especialista en metales, como Manolo Torres y otros maestros, casi todos empleados de grandes talleres de automóviles. AD, de igual modo, se ha curtido en el trabajo diario, en el taller de cerrajería y forja, adquiriendo un conocimiento del metal y sus comportamien- tos que le permite hacerle preguntas, soñar con él, dejarle libertad o reconducirlo por la senda de la feracidad plástica. La escultura da sentido a la materia, la reconvierte de pasiva en activa, la hace partícipe de nuestra realidad. El arte que no surge de la necesidad ontológica está, de origen, debili- tado, enerva su entidad. El hombre hace lo que conviene, lo que se necesita, porque así lo demanda la sociedad y lo impone su mercado ¡De ahí surge el sentido de utilidad y se pregunta por él, como si algo que nos es útil en esa sociedad fuere innecesario! Pero, en cierto momento de la vida, el ser sentiente, el hombre que es creador por naturaleza, siente la necesidad de hacer otra cosa, que deje memoria de lo que fue su paso por la vida. Y eso no es premeditado casi nunca. Uno no hace algo pensando en la eternidad, pero sí en la particularidad, porque todos somos dis- tintos. El hombre quiere dejar constancia de lo que ve en su interior, que no es visible a los demás, de qué es, de cómo es, de su porqué, y entonces lo materializa en una pieza, que para ser arte, debe trascender la materia, significar el espacio, crear emoción y misterio en sus semejantes. Esos son los elementos de la escultura, esté hecha con paisaje, con piedra de Colmenar, con hilos de cobre e iridiscentes deuvedés, con tubos fluorescentes, con acero corten o con plástico. En “Kunst und Li- teratur”, (1803-1832), manifiesta J.W. von Goethe: “ Cualquiera ve la materia ante si. El contenido solo lo encuentra quien tenga algo que ver con él ”. El escultor es el encargado de hacernos ver el contenido de esa materia, que todos vemos de inicio, pero que sin su mediación no disfrutaríamos. La clase de escultor que compone AD, es difícil que se repita. La época y las circunstancias son otras
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