ANTONIO DÍAZ GARCÍA - ESCULTURAS
a las que él ha vivido y en las que nació su aspiración al arte. Además, hoy, todos los artistas, la gran mayoría, proceden de las Escuelas de Bellas Artes, de una enseñanza retórica y conceptualizada, de una formación académica que iguala a los alumnos por abajo, que no les permite la posibilidad de otra aventura, que no les ayuda a ser libres, libertarios, con ese pizco de locura que todo creador re- quiere, como reconocía y requería para los poetas Rimbaud. Antonio Díaz, AD, viene de la práctica de la maduración de una actitud que al fin explota, como dinamita, más que como pólvora, que se quema sin estruendo y sin repercusión. En una de las canciones de Neil Young, oímos: “ es mejor quemarse que apagarse ”. Justo lo que ha hecho AD, lanzarse al fuego, sin red, sin traje ignífugo, para quemarse, si ello es indispensable, antes que apagarse. Lo que debe hacer todo artista que se precie, no dejarse morir antes de que le llegue la muerte. En consecuencia, por todo lo que de suso nombro, siento esta obra y a este hombre como artista, inocente, titán, salvaje, apasionado. Inocente, no como un paladín de ingenuidad, aunque la tenga, sino como frecuentador de los estados de ino- cencia que propician la creatividad, como perseguidor de la pureza que da seguridad. Artista, porque transforma la materia ensamblando en ella el tiempo y la inmanencia, implicando el nunc stand de Severino Boecio, aquel ahora que permanece sin el que el arte sería otra cosa. Una frivolidad, como es mucho de lo que se hace hoy, ocurrencias sin gracia y sin consistencia. Salvaje en el sentido de no formado en corriente alguna, de desesperada lucha por reflejar su peculiaridad, el idóneo fluir de su potencia. ¡Artista, inocente, titán, salvaje, apasionado! En la presentación de la primera exposición, en Ma- drid, de José Luis Sánchez, una dura existencia para una obra espléndida sin grandes concesiones, escribía su maestro Ángel Ferrant, siguiendo un pensamiento de Hegel: “ Nada de lo que se repite reducido a fórmula; nada de lo que se hace, ni nada de lo que se hizo sin pasión es arte ”. A sensu contrario, no es que con la pasión sea suficiente para identificar una obra con el arte, pero es difícil
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