ANTONIO DÍAZ GARCÍA - ESCULTURAS

sentimientos a través de una impresionante obra; irrumpe con tanta fuerza, con tanta intensidad en el mundo artístico, que ha dejado atónitos a propios y a extraños: su capacidad creativa ha desbordado hasta lo impensable. Escultor poderoso, de empuje, conocedor profundo de la técnica del forjado y del se- creto de las formas contundentes que adquieren sus piezas. Ningún reto es su- perior a su fuerza creadora. Sometido el hierro candente a su voluntad, todo queda al alcance del martinete, el mazo y el yunque. Según sus propias palabras, su objetivo es poder forjar el hierro, manipularlo como si fuera barro, tarea ardua y difícil, por no decir imposible. Pero quien así piensa es quien busca la perfección, aún a sabiendas de que ésta no existe. Sin lugar a dudas, su obra llama la atención. No deja a nadie indiferente, pero no por ser una obra incom- prensible sino por aquello que es conocido en el ámbito artístico; con un poder expresivo que transmite sentimiento, transmite emoción. En definitiva, está im- pregnada de calidad; es magnífica. Antonio Díaz cree que la inspiración va unida al trabajo intenso, concienzudo, perseverante, y a ello dedica largas y continuadas jornadas que van desde los primeros albores del día hasta el atardecer. Confía en su instinto, en su trabajo, compite consigo mismo. Mientras hace una escultura, se crea una forma de empatía entre él y la pieza: le habla, la mima, se encona con ella, la tuerce y la retuerce, aunque se resista. No se lo pone fácil. Conjugando tensiones y equili- brios hasta conseguir la metamorfosis final que él quiere que tenga. Es entonces cuando da la pieza por acabada, cuando la libera y la muestra al público para que participe del mensaje. Innovador y singular, Antonio Díaz es un investiga- dor incansable; todo cabe en sus manos, ya que lo desarrolla con personalidad, sin influencias ajenas. Sus trabajos son del todo originales, expresados en un lenguaje personal y de una dimensión más allá de lo escultórico, con caracte- rísticas propias. Su producción es una brillante ejecución intemporal, con un magnetismo absoluto donde los sentimientos se agrandan y las emociones se enaltecen. Antonio Díaz, hombre de espíritu inquieto que busca en la deforma- ción expresiva la razón suprema de su arte, es desde mi punto de vista uno de los máximos exponentes de la escultura en hierro, artista en plenitud creadora, con una ilusión que convierte cada una de sus esculturas en un nuevo reto, porque en la escultura encuentra el goce vital. José Patsí Canudes Profesor de la Escuela de Artes y Oficios “Ángel Oliveras” F ue una grata sorpresa adentrarse en los caminos de la obra de Antonio Díaz García, y digo sorpresa por la consistencia y rigurosidad de un trabajo que so- brepasa la técnica de la forja para convertirse en obra de arte. Antonio Díaz im- presiona como persona por su trabajo constante como creador artístico, y por un espíritu, nunca mejor dicho, forjado al temple de la honestidad, y así lo demues- tra su obra. Inspirada, con cierta delicadeza en sus formas, en aquellas que nacen en lo más profundo de su propio ser. Construidas con técnicas de un preciosismo y virtuosismo nada común, y que solo la disciplina y el conocimiento propor- cionan. Su obra interpreta el metal más duro, el hierro, en algo dulce, plástico y maleable. Una singularidad que solo la praxis diaria, durante muchos años, le puede aportar.

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