ANTONIO DÍAZ GARCÍA - ESCULTURAS

L A O B R A P R I M I G E N I A 61 Desdoblando pliegues, rizando bucles, engarzando, ondulando, tejiendo a su voluntad, la mano de AD se va haciendo más diestra a medida que entra en una especie de resonancia mecánica con el noble bruto al que provoca, violenta e incita a reaccionar. La materia se transforma, se contorsiona, grita, gime, muta, siguiendo un sortilegio gobernado desde sus manos, recias pero atentas, inexora- bles pero afectuosas. A resultas de todo ello, la pieza se crece, se encarama sobre sí misma en entusiasta borboteo de pliegues, sometimientos y requiebros. La verticalidad de esta recreación me trae a la mente algunas deidades hindús que simbolizan el resurgimiento o la transmutación entre lo corpóreo y lo espiritual, leitmotiv en la obra del escultor. “El ascenso” (2010) Hierro macizo. Peana de hierro. 145 x 50 x 50 cm.

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