CERCLE 5
ANTONIO LÓPEZ «Puedo parecer pacifico, pero no lo soy» «Hay algo maravilloso en conseguir el tono, relacionar entre sí los colores de una manera armónica y crear A sus 81 años, el cotizado artista manchego no tiene ni la más mínima intención de re- tirarse. Todo lo contrario, le angustia no disponer de más tiempo que poder dedicar al siempre tan meticuloso proceso de creación de sus cuadros y trabaja en varias decenas de obras simultáneamente. Actualmente anda enfrascado en unas vistas de Bilbao desde la torre Iberdrola y otras de Sevilla, hacia el Guadalquivir,… Norte y sur de España, con sus geografías tan diferentes y asombrosas, tan mágicas: «La de Bilbao es una visión invernal, mientras que la de Sevilla es veraniega» –nos comenta. Afable, de mirada bondadosa y humilde indumentaria, sorprende cómo un hombre de conducta tan campechana puede llegar a manejar su entorno –medios incluidos– con tan- ta desenvoltura. Le he traído desde Lleida algo que sé que le encanta, un xolís , un embutido típico del Pre- Pirineo catalán. Además de hacer gala de gran oficio, él es un hombre de buenos hábitos y exquisito gusto. Hijo de labradores acomodados y dueño de una gran destreza en el dibu- jo, fue animado por su tío, un magnífico pintor costumbrista, a dedicarse a la pintura, lo que motivó que se instalase en Madrid con tan sólo trece años para estudiar en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, donde permaneció hasta 1955 y durante cuya estancia conoció a un interesante grupo de artistas, más adelante conocido como la Escuela de Realismo de Madrid. Casado en 1961 con la pintora María Moreno, por la que siempre ha sentido devoción, es padre de dos hijas. Vive sin prisa, pero sin pausa, y pinta con gran lentitud, de forma meditada, buscando y rebuscando la esencia, el matiz, escrutando al acecho el momento perfecto. No da por re- suelta la obra hasta que cree haber llegado al límite de sus posibilidades. Para él, la buena relación con un cuadro es lo que le anima a seguir retocándolo durante años y años, aunque no siempre es posible. «Se trata de mejorarlo, no de empeorarlo» –nos aclara Antonio. Así pues, si la relación no es buena, más vale la pena darlo por terminado.
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