CERCLE 5

30 La dictadura de las redes, la fluidez digital, la dinámica de las nuevas tecnologías se han convertido en un fin, en lugar de utilizarse como lo que son, una herramienta. Eso provoca la necesidad de la behetría cibernética, de convertir en viral cualquier estulticia, de que muchos comisarios estén más atentos al escándalo que al arte. Expongo una realidad, estoy dibujando un mapa de lo que acontece, que menosprecia al arte y a los artistas en aras del espectáculo. La crítica más valorada hoy es el precio, mas el crítico está obligado a perquirir. De sólito, impera el reseñismo, reproducir lo que cuentan las hojas de sala, un monumento a la ambigüedad y la tautología; el halago, la jus- tificación, urdir una estructura para justificar y enaltecer lo que debe- ríamos enjuiciar. El arte requiere ciertos conocimientos de técnica, composición, trato de materiales, dibujo. Oficio. Pero se precisa mucho más que oficio: pensa- miento y generar un icono que contenga presencia, emoción y misterio, con independencia del lenguaje. L a crítica de arte continúa siendo una aspiración. Mas, el crítico de arte está en una encrucijada; «situación difícil en que no se sabe qué conducta seguir», 3ª acep. DRAE. En consecuencia, cada uno toma la di- rección que cree oportuna y la resuelve desde su óptica. Azorín, en Los valores literarios (Renacimiento, 1913), apunta: «Criticar es diferenciar, establecer las discordancias, expresar los rasgos característicos, únicos, de un autor o una obra». El caramanchelismo, el intrusismo, el amiguismo, el esnobismo, el mer- cadismo, el oportunismo, el idiotismo, el buenrrollismo, el furtivismo y otros ismos, han puesto al crítico de arte en la sombra, en acendrada mistificación, en la ambigüedad más líquida. Además, los matones digitales –¡aprisa, aprisa!– han intervenido con contundencia para empecinarlo todo, sin filtro alguno. Filtro no refiere censura, sino fundamento en aquello que expresa. No estoy contra del capricho, si es trascendente, si aporta. Sí contra los que hablan a tontas y a locas. El crítico de arte

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