CERCLE 6
Nacido en 1932 en Illinois (Estados Unidos), Richard Estes es uno de los grandes del fotorrealismo americano. Desde hace sesenta años, vive y trabaja tanto en Nueva York como en Maine, y ha venido representando, con tanta destreza como meticulosidad en el detalle, ambientes urbanos caracterizados por el uso de la luz refractada, algo que confiere a sus lienzos un efecto cristalino y fulgurante. Pese a que Manhattan ha venido siendo su debilidad temática, ha habido otras muchas ciudades, como Barcelona, París, Chicago o Venecia, que también han sabido captar su atención. Ha recreado algunas de las estampas más icónicas de la ciudad de Nueva York: su ambiente, su fulgor y su penumbra, sus matices cromáticos, a la luz de una perspectiva límpida y de una mínima intromisión sobre las fotografías que él mismo captura. Una suerte de reflexión que apacigua la premura e invita a degustar el momento, la esencia de un instante robado, un tono cambiante, un tornasol. Su elaborada trama parte de un aplicado trabajo previo durante el que el artista norteamericano matiza finamente la realidad captada siguiendo un concienzudo proceso creativo, alterando perspectivas y desplazando incluso los puntos de fuga para ofrecer una realidad, una cotidianeidad, que tan sólo lo es en apariencia ya que, como él mismo nos ha confesado, tan relevante es lo que se pinta como el modo de hacerlo. Por primera vez en Barcelona, de la mano de la Marlborough, acaba de presentar una magnífica colección de obra reciente donde, como es habitual en el artista, subyace un cuestionamiento de la realidad y un escrupuloso lavado de cara mediante el empleo de hábiles artificios. Pese a seguir siendo un romántico del pincel, su enfoque realista es moderno y honesto: recurre a una iconografía que habitualmente no tiene mucho más que decir. El caso es que él lo dice de otra manera, y su virtuosismo técnico al hacerlo provoca fascinación en el espectador, algo que también pudiera ser provocado por esa atractiva sensación de vacío, de rara nitidez, de ausencia de figuras, que empuja a embeberse en un paisaje donde todo queda enfocado y nada mitigado por la turbidez o la imprecisión del desenfoque de la tiranía de la realidad: ahí está la maestría. No se siente cómodo cuando es tildado de fotorrealista porque pese a basarse en la imagen fotográfica previa, ésta no es más que un elemento constituyente de una elaborada composición que no se limita a imitar escrupulosamente la realidad, sino que, incorporando el dibujo y distorsionando estratégicamente ciertos elementos, concilia diferentes perspectivas para lograr una suerte de efecto o ilusión óptica. Sus obras potencian los juegos naturales de reflejos de luz sobre diferentes superficies, distorsionando, magnificando o incluso superponiendo imágenes, con lo que la pieza final incorpora un cierto enigma, una confusión que invita a preguntarse qué parte es real y qué parte es ficticia. El artista ya tuvo una retrospectiva hace diez años en el Thyssen de Madrid. En aquella ocasión, Guillermo Solana, director de la pinacoteca, comparaba la obra del norteamericano con la de Canaletto. Estes, de igual modo que el veneciano, y salvando las lógicas y manifiestas diferencias, se decantó en su día por la representación de escenas y paisajes urbanos contemplados en perspectiva, con o sin presencia humana, un género pictórico propio del Settecento veneciano y conocido como vedutismo (de veduta, que significa «vista»). Durante unos cuantos días, coincidiendo con su reciente exposición en Barcelona, Richard Estes se ha paseado por la Ciudad Condal cámara en mano a la caza y captura de un nuevo proyecto pictórico. Ahora su cámara es digital, y tampoco será la primera obra que sobre la ciudad realice el artista, desde luego. View of Barcelona, pintada en 1986, ofrecía una personalísima vista de la ciudad desde la Sagrada Familia y pertenece actualmente a una colección privada. Reservado, afable y muy dispuesto en todo momento a colaborar, es poco amigo de interpretaciones sobre su obra. Nos confiesa que no le interesa demasiado el arte contemporáneo y que no desea entrar en el juego de las críticas o las comparaciones, porque lo único que desea es pintar, y para poder seguir haciéndolo, por supuesto, hay que vender cuadros. Desde luego, de este último aspecto, no tiene el artista americano nada en absoluto por lo que preocuparse. █ 18 e
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