CERCLE 9

11 Sobre su mayor obsesión, ciertamente me hubiese encantado preguntarle, sin embargo y si nos guiamos por sus escritos y, en cierta forma, por su obra, podríamos pensar en su búsqueda por representar la realidad (una infructuosa tarea comparativa frente a la propia realidad), cuestionando el canon clásico occidental, abriéndose a más fuentes como el arte cicládico, egipcio, africano o bizantino. Trabajó ininterrumpidamente en la búsqueda de un ideal. Su forma de trabajar, su constancia, su esfuerzo, fue un proyecto destinado al fracaso. ¿Ha representado Giacometti un punto de inflexión en el arte? ¿Cómo sintetizaría su gran aportación, su legado? Francamente yo no diría que Giacometti o su obra sean «un punto de inflexión», más bien al contrario, yo lo veo más como un eje de continuidad. La obra de Giacometti (y por ello ha sido posible su magnífico encuadre en el Museo del Prado) resulta una forma de conexión o de puente (si se quiere) entre diferentes épocas del arte. Nunca una inflexión o una ruptura. Entiendo que su legado podría ser precisamente éste: la constatación de que el arte no avanza ni retrocede, permanece con los mismos problemas de hace tres siglos, que no son tan distintos a los de hoy en día. Es la primera vez que el Prado expone obra de Giacometti y la muestra recoge piezas de los últimos veinte años ¿representa todo un extracto de su obra, de su particular visión, o echa en falta alguna pieza en particular? Concebí ésta como un paseo póstumo de Giacometti por el Prado. Las figuras de Giacometti se pasean y se detienen, transitan entre la animación y la quietud por las salas del Museo. El paseo de Giacometti comienza en la emblemática sala XII, conocida popularmente como la Sala de Las Meninas, el sancta sanctórum del Prado, tal como le gustaba llamarlo a mi gran amigo Francisco Calvo Serraller. Justo a la salida de la sala XII, entrando en la gran galería del Prado, nos encontramos el famoso Chariot de Giacometti, compartiendo espacio con Carlos V en la batalla de Muhlberg de Tiziano. A ambos lados, los bustos de Lothar, que además de flanquear este espacio, contrastan con bustos romanos, y también se establecen encuentros con obras de El Greco, Tintoretto, Zurbarán, etc… En una exposición tan especial como ésta, siempre se echan en falta obras y posibles relaciones pero esto forma parte del proceso de todo proyecto, y muy especialmente de uno con la magnitud que implica poner en relación un artista moderno con pintura vamos a decir «clásica» en marco tan imponente como es el Museo del Prado y su muy especial aura, que alberga, como sabemos, la mejor colección de pintura del mundo. El artista confesó que su búsqueda sin fin no era otra que la sensación que experimentaba durante el trabajo, y que ese era el motivo por el que siempre salía ganando ¿Qué siente Vd. ante la contemplación de su obra? Creo que es más bien al contrario. Giacometti siempre expresó su rotundo fracaso y muy especialmente frente a la consecución de sus objetivos. Su proceso de trabajo nos recuerda de alguna manera al mito de Sísifo en su búsqueda constante de un objetivo siempre inalcanzable. Hay una frase de quien fue su amigo, el escritor irlandés Samuel Beckett, que creo define a la perfección el proceso de trabajo de Giacometti, y dice así, «Ever tried. Ever failed. No matter. Try again. Fail again. Fail better» («Lo intentaste. Fracasaste. Da igual. Prueba otra vez. Fracasa otra vez. Fracasa mejor»). Siento una fuerte emoción frente a la obra de Giacometti, algo profundo que sólo se siente frente al verdadero arte, aquel capaz de resistir inmutable el paso del tiempo. █ Alberto Giacometti, 1962. Foto/Photo Paolo Monti: Servizio fotografico (Venezia, 1962) Licencia CC BY-SA 4.0.

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