LLEI D'ART 10

RUSIÑOL | MONET El romanticismo convirtió el paisaje en tema pictórico y des- de entonces artistas de todas las tendencias y movimientos han pintado campos, bosques, marinas y panoramas urba- nos. Unos, para exaltar las relaciones de los hombres con la naturaleza; otros, para estudiar los efectos de la luz, los volúmenes o la geometría. Paisajes realistas, que retratan mi- nuciosamente el mundo visible, y paisajes de vanguardia, en los que la pintura adquiere autonomía respecto a la realidad de las cosas. Si los pintores románticos y los realistas de mediados de siglo ejecutaron a menudo bocetos al aire libre, los impresionistas fueron los primeros en concluir sus obras íntegramente fuera del estudio. Pero este método de trabajo pronto dejó claras sus limitaciones al supeditar al artista a las inclemencias del tiempo y al restringir su creatividad imaginativa. Con el fin del siglo XIX, la búsqueda de un orden interno del cuadro se antepuso a la imitación veraz de la naturaleza. La concepción del cuadro como una superficie plana cubierta de colores anticipó los descubrimientos formales del siglo XX. Éstos vinieron de la mano de las vanguardias, con las que el paisaje perdió parte de su anterior protagonismo. Pese a todo, los surrealistas dieron un nuevo impulso al género al hacer de sus lienzos verdaderos paisajes del subconsciente. Así pues, la exposición permite realizar un recorrido por la historia del paisaje en la pintura catalana y europea a través de 49 obras que retratan esta evolución: desde el romanti- cismo de Théodore Rousseau y Lluís Rigalt, liderando una visión naturalista, hasta los paisajes espectrales de Modest Cuixart, Joan Ponç y Antoni Tàpies, que, en la época de Dau al Set , a través del surrealismo, entroncaron con la tradición romántica. En medio, el simbolismo de Maximilien Luce y Modest Ur- gell; el impresionismo y posimpresionismo de Claude Monet y Paul Gauguin, Joaquim Mir y Santiago Rusiñol; el retorno al orden de André Derain, Matisse y Pierre Bonnard, de Joaquim Sunyer, Rafael Benet y Josep de Togores; y la visión vanguar- dista de Georges Braque y Joaquín Torres-García. El montaje de la exposición pone de relieve los contactos entre la pintura catalana y las grandes tendencias del arte de su tiempo. Muestra la estrecha relación que siempre han mantenido, desde los primeros viajes de Martí i Alsina a París en la década de 1850, hasta el éxito internacional de Miró o Clavé. La exposición está organizada cronológicamente en torno a cinco apartados: Naturalismo , Del posromanticismo al simbolismo , La mirada impresionista , Nuevos clasicismos y Vanguardias . El recorrido se abre simbólicamente con la de- molición de las murallas de la ciudad de Barcelona en 1854 y se cierra con la posguerra. Entre ambas fechas, el paisajis- mo catalán evolucionó desde el naturalismo de Martí i Alsina hasta el carácter fuertemente introspectivo de los lienzos de Tàpies, Cuixart y Ponç, pasando por el luminismo de Rusiñol y la imagen arcádica de Cataluña en la obra de Sunyer. Tal variedad de soluciones plásticas evidencia que el paisaje, le- jos de una simple imitación del entorno natural, es una cons- trucción cultural acorde con los anhelos y creencias de cada El paisaje en la colección Carmen Thyssen CaixaForum Lleida Ramon Martí i Alsina. Vista panorámica de una costa catalana/ Panoramic view of a Catalonian coastline , c. 1880-1888. © Colección Carmen Thyssen-Bornemisza, en depósito en/ on deposit in Museo Thyssen-Bornemisza 100

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