LLEI D'ART 10

do una suerte de trayectoria entre ambos polos que permite «calibrar» la posición en la que nos encontramos e, imagina- riamente, localizar el nivel en el que nos gustaría estar. Si am- bas posiciones son próximas, crece el nivel de autoestima y satisfacción. El arte facilita el crecimiento personal al mostrar visualmente este proceso. La representación de los pecados capitales y de sus virtu- des principales ha contribuido y sigue contribuyendo al cre- cimiento de una humanidad más digna y de la que poder sentirse orgulloso. En tiempos como los actuales, en los que estos aspectos de la vida parecen no ser tenidos tanto en cuenta frente al deslumbramiento de la riqueza y del poder, bien pudieran carecer de fuerza o utilidad. Los grandes maes- tros han representado los pecados capitales bajo la forma de «vanitas» como recuerdo y presencia de la levedad del ser ante lo divino. Aunque no se practique ninguna de las confesiones religiosas que contemplan estos u otros pecados capitales, la socie- dad se ha construido sobre las bases de la religión imperante en cada lugar y, por ello, nuestra cultura, legislación, moral, conducta o cualquier condición personal o social se basa en ellas. Por muchos intentos que se hagan por cambiar ciertos aspectos, es imposible desligarse de la historia constructora de la identidad comunitaria. Los pecados capitales y, con mayor razón, sus correspon- dientes virtudes antagonistas, siguen siendo tema artístico actual y «herramienta» válida y reiterativa en el proceso arduo de mejora de los vicios de la humanidad. La avaricia como nos ha llevado a la gran crisis del mundo occidental. Sólo su correspondiente virtud, la generosidad, puede enmendar el desaguisado del que el pueblo es víctima y cómplice. Inhe- rente a la naturaleza humana, el pecado capital, del mismo modo que la virtud, forma parte de nuestra historia, siendo por tanto un tema de representación artística común a todas las épocas y zonas geográficas del mundo. La lujuria Su virtud antónima es la castidad, un comportamiento vo- luntario caracterizado por la moderación y una adecuada y siempre mesurada regulación de actitudes o conductas des- encadenadoras de actos de naturaleza sexual y procuradoras de placer carnal, ya atienda a motivos religiosos o sociales. Según los preceptos de culturas derivadas del cristianismo, se cumple con la abstinencia del soltero/a o la fi- delidad a la pareja en el matrimonio. Su antítesis, la lujuria (del latín luxus : abundancia, exuberancia) se define como un apetito sexual desordenado e in- controlable. Y si para la Iglesia Católica Apostólica y Romana es un pecado capital, para el Hinduismo constituye a su vez uno de los cinco males. A lo lar- go de la historia, muchas religiones han condenado o desalentado en mayor o menor medida la lujuria. El demonio relacionado con la lujuria es Asmodeo, según el estudio de las relaciones entre diferentes demonios y sus pecados apadrinados publicado por Peter Binsfeld en 1589. Este diablo se enamoró de Sarah, hija de Raquel, en el Libro de Tobit, y mata- ba a cada uno de sus siete maridos antes de con- sumar el matrimonio. El octavo marido, Tobias, hijo de Tobit, recibió la ayuda del arcángel Rafael para ahuyentar a Asmodeo a Egipto y no volver a saber de él. Existían otros grupos demoníacos instadores de comportamientos lujuriosos, como los íncubos , fantasmas masculinos que tenían relaciones sexua- les con mujeres durmientes ( La pesadilla, 1781, de Füssli) y los súcubos, fantasmas femeninos –como Lilith, amante de Asmodeo– que mantenían relacio- nes sexuales con varones durmientes). Las deidades mitológicas relacionadas con la lujuria son muchas, y casi todas relacionadas con el amor y la fertilidad. Afrodita, Eros, Dionisos, Priapo, Pan o Hedoné en la mitología griega; Venus, Bes, Baco o Voluptas en la romana; Anuket en la egipcia o Kâmadeva en la hin- dú. El origen del mundo o Las durmientes de Cour- bet (1819-1877) nos demuestra la realidad del tema que nos ocupa. El impulso sexual es una respuesta biológica común en todo el reino animal. Todo placer es candidato a vicio. El humano ha dictado leyes al respecto para ordenar un modelo de convivencia que, con sus más y sus menos, ha venido funcionando durante milenios. En diferentes épocas, la sociedad civil ha contemplado con mayor o menor permisividad los límites del pecado. El con- cepto de privacidad o intimidad convierte la lujuria en un tema de fácil disimulo ante la sociedad, por lo que puede Hieronymus Bosch El Bosco. El jardín de las delicias/ The Garden of Earthly Delights (pieza central dedicada a la lujuria/ center panel dedicated to lust) , 1480-90. © Museo del Prado, Madrid. 115

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