LLEI D'ART 10

vista, es la conquista de la expresión no-sensual en favor de la pureza filosófica, una pureza que encuentra su mejor y más consistente exponente en el frio conceptualismo. Se obtiene placer contemplando y valorando una obra de arte, pero si la evaluación está involucrada con la experiencia sensual, entonces la obra es considerada demasiado corporal y, por tanto, menospreciada. Tras leer Crítica del Juicio (1790), de Immanuel Kant, me di cuenta de lo importante que había sido su aportación en la determinación del concepto de arte porque él distinguía la estética como una disciplina filosófica independiente, donde el arte y la belleza son considerados diferentes categorías. Según él, el genio crea aquello para lo que no existen reglas, mientras que la originalidad es su sello. Otro exponente importante de la historia del arte, Hegel, defendía que el gran arte debe estar vinculado a su tiempo. Esto implica una evolución optimista que invita al artista a crear siempre algo nuevo y original, distanciándose de lo tradicional, por lo que, históricamente hablando, sus primeros triunfos llegaron de la mano de los impresionistas, con un estilo que nada tenía que ver con la pintura de Salón de todo el siglo XIX. Hay una serie de normas que estipulan qué es el arte. Si alguien osa introducir algo más, está condenado a un choque frontal contra ellas. Por eso afirmo que no soy artista y que nunca lo he sido. Todas mis normas son contrarias al arte. No pienso en términos de progreso o ironía. No uso colores modernos. Al contrario, pienso en el cuero, en la tradición, en el pasado y en la eternidad. El arte del siglo XX ha contribuido a crear una atmósfera más ligera y luminosa. Ha cultivado el pensamiento y se ha comprometido con el progreso en su lucha contra lo íntimo y lo antiguo. Sin embargo, la pega de esta histórica marcha triunfal del arte es justamente lo que ha quedado desterrado, porque seguirá habiendo gente que no siga ni el orden ni las tendencias. Son considerados los perdedores de esta progresión y yo soy uno de ellos, porque no he seguido el ritmo de las cosas ni he sido capaz de reconocerme dentro del arte, por mucho respeto que me inspire. También respeto el jazz y el futbol, pero no me veo como parte integrante de tales disciplinas. En donde sí me reconozco, incluso desde que era un niño, es entre valores obsoletos, donde lo trascendente te atraviesa el cuerpo, la piel y los ojos, contemplándote desde la profundidad: la edad de las obras maestras. Odd Nerdrum Helsingborg (Suecia), 1944 Extracto de algunos de sus discursos inaugurales facilitados a esta editorial por cortesía del hijo del autor, Bork S. Nerdrum para la elaboración de este artículo. Odd Nerdrum. Contempla mi belleza/ Look at my beauty 66

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