LLEI D'ART 10
Las naturalezas m uertas de Juan Fernández El Labrador Aunque recientemente clausurada, hemos querido dedicar unas páginas a documentar esta magnífica muestra presen- tada por el Museo Nacional del Prado sobre la obra de Juan Fernandez El Labrador , pintor español de la primera mitad del siglo XVII y referente de los inicios de la historia del bode- gón en España. Su fama como pintor de naturalezas muer- tas, reclamadas por los coleccionistas, traspasó las fronteras hispanas hasta tal punto que sus obras llegaron a las colec- ciones reales inglesas. Las cinco obras del artista que posee el Museo, un florero –adquirido en 1946 a un coleccionista privado, que posible- mente en el siglo XVII formó parte de las colecciones rea- les– y cuatro obras más que se incorporaron en 2006 con la colección Naseiro, junto al resto de su obra conocida, pro- cedente en su mayor parte de coleccionistas privados inter- nacionales, han podido ser contempladas en una deliciosa exposición que pretende contribuir a una mayor difusión y conocimiento de la extraordinaria producción de este miste- rioso y exquisito pintor. Comisariada por el historiador de arte experto en pintura es- pañola del Siglo de Oro, Ángel Aterido, el Museo del Prado ha tenido el acierto de recopilar la escasa producción –se le atribuyen trece obras, de entre las cuales once han sido ex- puestas–, de uno de los pintores de naturalezas muertas más desconocidos y exquisitos del barroco español. El enigma que siempre ha acompañado su historia tiene en parte mu- cho que ver con su errático estilo de vida, lejos de la Corte, así como su corto periodo de creación artística, entre 1629 y 1636, marcado por un personal y rompedor naturalismo, sencillo y realista, que poco tenía que ver con el gusto aba- rrocado de entonces. Siguiendo las costumbres predominan- tes en su época, El Labrador pintó racimos de uvas con un detalle y minuciosidad extraordinarios, aunque dispuestas de forma singular, eliminando referencias espaciales y jugando con las luces y los fondos oscuros, fiel a un estilo que ine- vitablemente hace recordar a Caravaggio. La disposición y estructuración de los elementos sobre sus lienzos parecía ir mucho más allá de lo que un simple bodegón, por muy bello que éste sea, puede ambicionar conseguir, ya que atrapaba atmósferas acrónicas donde algunos elementos parecían le- vitar en composiciones atrevidas para su tiempo, que suge- The still lifes of Juan Fernández The Farm Worker Although the exhibition has recently closed, we wanted to dedicate a few pages to document this magnificent display by the Prado National Mu- seum to the work of Juan Fernández The Farm Worker , a Spanish painter from the first half of the 17th century and a reference from the beginnings of still lifes in Spain. His fame as a painter of still lifes, sought-after by collectors, crossed the borders and found a place in the English Royal Collections. The five works possessed by the Prado, a flower jar –acquired in 1946 from a private collector, and which may have been part of the royal collections in the 17th century–, and four other works that joined the collection in 2006 as part of the Na- seiro collection, which together with other known works, comes from private international collec- tions, were able to be seen in a delightful exhibi- tion that intends to spread knowledge about the extraordinary work of this mysterious and exqui- site painter. Commissioned by Ángel Aterido, an expert in Spanish Golden Age art history, the Prado has had the right idea in bringing together the small production –only thirteen works have been at- tributed to him– of one of the most exquisite, yet unknown painters of Spanish Baroque still lifes. The mystery that surrounds him partially is down to his erratic lifestyle, far away from the court, as well as his short creative period, from 1629 to 1636, marked by a personal, daring natural- ism, both simple and realistic, which was un- like the Baroque tastes of the period. Following the prevailing customs of his time, Fernández painted handfuls of grapes with extraordinary detail, singularly, ignoring spatial references and playing with the light on dark backgrounds, true 90
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