LLEI D'ART 10
sobre la portada FRANCO SALAS BORQUEZ La posesión del mar Nacido en la isla de Chiloé (Chile), en 1979, pero con residencia en Paris, este joven artista, de porte espigado y circunspecto, trabaja nuevas formas de realismo lírico cuyo leitmotiv siempre es el mar, visto éste desde una perspectiva indómita e inusitada. Habitualmente un mar sin costa, desprovisto de orillas, alegórico del nacer y el renacer constantes, de la transformación, de la purificación, bajo cuya superficie subyace lo indefinido, lo enigmático, lo insondable. Retazos de cielo irrumpen esporádicamente en contadas ocasiones, a modo de besos robados y esquivos. Incondicionalmente adherido a la piel de su alma, recóndito escondite de sus pasiones, el mar, la mar de la que el artista se confiesa enardecidamente enamorado, es honrado y venerado de la mano de su pincelada, noble y devota. Y es que toda su obra narra una misma pasión bajo diferentes variantes, con y sin matices, vehemente arrebato de idolatría donde sólo fluctúan las olas, que no su intención, y mucho menos sus deseos. Él mismo contempla sus criaturas y aún parece estar esperando una respuesta a sus inquietudes. Forma parte de esa intriga, de cada relato. Profundidades insondables que inspiran temor a mortales y a deidades, donde queda latente la fragilidad del ser humano tanto en sus vicios como en sus virtudes. Imagen blasón de lo inescrutable y lo ininteligible, océano cósmico que acecha tierra firme, representación mitológica de la lucha soberana entre el caos y el orden. Asiduo de la imaginería más épica, musa de poetas, rugiente e indomable dragón de mil caras que desata toda su furia contra sí mismo y para sí, salpicando los vientos y enfrentándose a todo cuanto le desafíe. La elocuencia de sus excelsos lienzos, para más inri en grandes formatos, invoca a un profundo silencio, sobrecoge y desencadena experiencias sublimes en el espectador. Representa la propia experiencia de la vida, su inestabilidad, su imprevisibilidad, así como la profundidad del corazón humano y sus múltiples expresiones y facetas. Medio hostil por antonomasia, símbolo de la regeneración y del movimiento constante, es alivio del desconsolado, confortando el ánimo 95
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