LLEI D'ART 11
Pablo Schugurensky Into the spotlight Pablo Schugurensky Painting is the place where I ask myself questions. Along the way images are left whose worth is in making space for oth- ers. Ever the same, ever different. I still cling onto the hope that one day I can paint a painting that concentrates my whole life’s search. Whether I manage it or not, I will never have the certainty of having done it. Pablo Schugurensky Born in Catamarca (Argentina) in 1954, Schugurenksy studied painting in Bue- nos Aires but has been living in Madrid since 1988. He is a painter whose work, in the words of art critic Tomás Paredes, is ‘clear, pro- found and emphatic. He has grown and veered towards an imposing expression- ism, vivid, rich and fertile’. Schugurensky is a painter of vintage, on the edge of the preponderant trends of the moment; both convinced and con- vincing, diaphanous, always face-on, never side-on. Some of his words infal- libly transport me to the plump morbidity La pintura es el lugar en el que yo me hago preguntas. En el camino van quedando imágenes cuyo valor reside en dar paso a otras. Siempre las mismas, siempre diferentes. Me queda la esperanza de pintar algún día un cuadro que concentre en sí la búsqueda de toda mi vida. De más está decir que lo logre o no, jamás tendré la certeza de haberlo conseguido. Pablo Schugurensky Nacido en Catamarca (Argentina) en 1954, estudió pintura en Buenos Aires pero reside desde 1988 en Madrid. Schugurensky es un pintor cuyo trabajo, en palabras de Tomás Paredes, es «claro, profundo y rotundo. Ha crecido y ha virado hacia un expresionismo imponente, vívido, henchido y feraz.» Es un pintor de solera, muy al margen de tendencias dominantes, convencido y convincente, diáfano, que entra de frente, nunca de soslayo. Algunas de sus obras me transportan irremediablemente a la pulposa morbidez y trémulas carnes de los desnudos de Lucian Freud, igualmente densas y arriesgadas en sus perspectivas, sirviéndose también del empaste como técnica de elección. Saca gran partido de ese su particular expresionismo, no carente de una importante dosis de humor melodramático, aunque sin escoceduras ni excesivas aflicciones, haciendo gala de una trabajada ironía tan hábil como para mostrar la realidad de lo enmascarado y la irrealidad de lo manifiesto. Disfruta el juego de una cierta divagación dejando algo abierto al debate, algo 106 a la palestra
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