LLEI D'ART 11

temas Los pecados capitales (II) La pereza Caer en la tentación de poder vivir sin hacer nada es, por lo menos, entendible en los tiempos que corren. En otras épocas y bajo el influjo próximo de las creencias religiosas, la diligencia se entendía como una gran virtud que vencía el natural tedio ahorrador de energías. Actitud íntimamente ligada al amor y la caridad que, por definición, está dirigida al bien ajeno y no exenta de esfuerzo sobreañadido al de procurarse sustento propio. Sin causa –por enfermedad– conocida, la pereza es una tendencia natural, entendida como la pillería para obtener lo necesario para vivir a costa de la bondad y/o debilidad de prójimos. Ver como unos esperan ociosos a que otros hagan por ellos lo más básico del cuidado personal es reprobable a ojos de los que nos hemos formado en esta cultura cristiana de occidente. Cuántas veces los planes quedan frustrados por actitudes tediosas típicas del culto a la procrastinación o postergación de actos propuestos con el consiguiente fallo a la propia voluntad, por falta del impulso necesario para pasar a la acción, por pereza. El arzobispo de la ciudad alemana de Treveris y teólogo Peter Binsfeld (1540-1603) se hizo famoso en su región por ser un astuto cazabrujas. Publicó en su lista autorizada de demonios relacionados con los pecados capitales que el demonio Belfegor tentaba a la gente esparciendo discordia y guiaba a los hombres hacia el mal prometiéndoles bienes terrenales sin esfuerzo. En la actualidad, los aspectos que más se demandan en el mundo laboral –y en el de las relaciones– son el talento, el coraje y la diligencia. Por tanto, la virtud de estar dispuesto en todo momento y pasar a la acción con esmero y cuidado en la ejecución es altamente valorada. Si además incorporamos la Abraham Bloemaert. Parabola del trigo y la cizaña/ Parable of the Wheat and the Tares , 1624. The Walters Art Museum, Baltimore, Maryland, EEUU. 112

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