LLEI D'ART 11
La que fue la ciudad más próspera de toda Europa en el siglo XIII, conserva un magnífico y excepcional patrimonio artístico, legado de una historia que vio nacer a algunos de los más grandes artistas de todos los tiempos, como Cimabue y Giotto, padres de la pintura italiana; Arnolfo di Cambio y Andrea Pisano, renovadores de la arquitectura y de la escultura; Brunelleschi, Donatello y Masaccio, iniciadores del Renacimiento; Lorenzo Ghiberti y los miembros de la familia Della Robbia; Filippo Lippi y el Beato Angelico; Botticelli y Paolo Uccello, y los genios universales que fueron Leonardo de Vinci y Miguel Ángel. Cuentan que en un viaje a Florencia, Henri Beyle Stendhal quedó tan prendado de la belleza de la Basílica de la Santa Croce que la emoción de esa experiencia sublime –bautizada como «Efecto Stendhal»– le provocó una suerte de vértigo y taquicardia. Él ya era un escritor apasionadamente romántico, pero ciertamente el hechizo de esta ciudad, epicentro del Renacimiento, superaba expectativas. Hace falta dedicarle tiempo y atención para poder degustar el sabor y tonalidad de sus calles, que encantadoras y llenas de recovecos, se dejan admirar, provocando encuentros fortuitos con retazos, fragmentos de historia, e invitando a echar a volar la imaginación del visitante. Tiene un importantísimo patrimonio vinculado a lugares de culto, como monasterios, sombríos claustros, iglesias o hermosos cenáculos sobre cuyos techos se mantienen en mejores o peores condicionesmagníficos frescos con escenas evangélicas. Tales lugares custodian espléndidas obras de arte que vale la pena visitar, como la Capilla Brancacci, en la orilla Sur del río, con obras de Masaccio y Masolino; el Cenáculo de Andrea del Sarto, en un monasterio que aunque algo alejado del centro histórico, bien vale el esfuerzo aunque sólo sea para conocer sus magníficos retablos; los Cenáculos de Fuligno, Ognissanti y Santa Apolonia, todos ellos bastante próximos entre sí, y cuyos frescos son una auténtica joya, la Capilla del Descalzo, dedicada a San Juan Bautista, o la Basílica de la Santa Cruz. El tamaño de la ciudad – especialmente el de su centro histórico–, invita a recorrerla con mimo. No hacerlo sería un desperdicio. Toda ella está tan repleta de sutilezas que revelan detalles de su historia, que de otro modo no sería posible saborearla como merece. El poeta Dante Alighieri, los célebres escritores de la antigüedad Petrarca y Boccaccio, el político Machiavelli o el científico Galileo Galilei no son más que algunos de los célebres personajes históricos que ha dado Florencia, sede universitaria desde la Edad Media y referente cultural mundial. Su artesanía también goza de gran reputación. Repujaban el cuero con maestría y trabajaban el vidrio y la cerámica con destreza y creatividad. El Puente Viejo ( Ponte Vechio ), reconstruido en 1345 sobre las ruinas del original romano de madera es, muy posiblemente, el puente de piedra más antiguo de toda Europa. Había estado monopolizado durante casi doscientos años (hasta el siglo XV) por carniceros y curtidores de piel, entre otros oficios. Sus románticas casas colgantes sobre sus tres arcos conforman una de las más hermosas y evocadoras estampas de la ciudad. Actualmente alberga esencialmente comercios de orfebres y joyeros. Paladines del buen gusto, existen de hecho en la ciudad artesanos cuyo trabajo no solamente resulta fascinante por la filigrana de su elaboración, sino también porque suele tratarse de productos únicos: sombreros de paja, las fascinantes máscaras originales del profesor Agostino Dessì en la Via Faenza, libros y cuadernos con tapas de cuero tallado, sorprendentes bordados o típicos mosaicos. Atravesando el Ponte Vecchio en dirección a la zona de la ciudad ubicada al norte del río, y siempre dentro del casco histórico y espiritual de la ciudad, podemos visitar la casa de Michelangelo Buonarrotti y, cerca de ella, el Museo Horne, que contiene una exquisita colección de objetos del Trecento y Cinquecento; el Museo del Bargello, ubicado en un palacio medieval que fue sede, en los tiempos de los Medici, del jefe de la policía (el bargello ), dedicado especialmente a escultura renacentista. Todo el centro histórico de Florencia queda delimitado por el trazado de las murallas del siglo XIV y atesora los bienes culturales más importantes de la ciudad. Mención aparte merece la Galeria de los Uffizi, muy próxima, y uno de los museos más importantes del mundo por su impresionante patrimonio artístico formado por miles de obras de los siglos XIII al XVIII. De su lado surge el famoso corredor Vasariano, encargo de Cosme I de Medici y diseñado con el fin de que los Grandes Duques pudieran desplazarse desde el edificio del gobierno hasta su residencia, el palacio Pitti, sin tener que entremezclarse con la muchedumbre. Discurre a modo de pasillo sobre los comercios. Forma parte de la Galeria de los Uffizi y luce una espléndida colección de autorretratos de grandes maestros de la pintura que no deja de crecer. Dentro del mismo complejo que engloba el legado de los Uffici se encuentra el Gabinetto Disegni e Stampe, quizás la mayor colección gráfica del mundo, ya que su inventario supera las 120.000 piezas entre grabados y dibujos, mayoritariamente del renacimiento y el Seicento. Hacia el norte se encuentra un punto neurálgico en la Plaza Palacio Strozzi/ Strozzi Palace 128
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