LLEI D'ART 11

about a humanization or sensitive formalization of a structure or an ideal or geometrical rationing based on number, as has been argued. Neither is it about the model proportions that would depict the canonical or academic representation – as if the creation of a sculpture depended on drawing up a rational structure or support and then covering it with an organic-looking shell. It is, quite contrarily, more about a re-envisioning of nature, a selection from a referent, from a presence, in that tension of the internal-external models whose conclusion is shown in artistic form i.e. through the sculptural. Gsel says using Rodin’s words: It is said – especially so by the academic school that has spread this opinion – that the ancients, in their worship of the ideal, disdained flesh as something vulgar and low, which they refused to reproduce in their works with all the thousands of details of material reality. It is said that they wanted to give lessons to nature with simplified forms, a type of abstract beauty that is only directed at the spirit and does not agree with flattering the senses. Those that use that language use the example that they imagine finding in ancient art to correct nature, to castrate it, to reduce it to dry, cold, flat outlines that have no relationship with the truth. You have just seen how wrong they are. Without a doubt the Greeks, with their powerfully logical spirit, instinctively accentuated the essential. They underlined the prominent features of the human type. Even so, they never suppressed the vivid detail. Since they were enchanted by tranquil rhythms, they softened the secondary reliefs that could contradict the serenity of a movement, but they were careful not to erase them. They never made lying a method. P. Gsel. Conversations on Art Monte Avila Latinoamericana, Caracas, 1991, pp. 28-29 When you see something beautiful, so much so that your heart jumps and it seems like it will stop beating, when you are out of breath, there is where beauty is! You should only try to reproduce that short moment and that is it [...] M. Rosso, in G. Moure. Medardo Rosso Centro Galego de Arte Contemporánea y Ed. Polígrafa, Barcelona, 1997, p. 192 For a final reflection on beauty and representation in contemporary sculpture, I would like to propose a new aesthetic problem suggested by hyperrealism in sculpture. For example, my proposal focusses on Sam Jinks’s Pietà . Sam Jinks (Australia, 1973) is part of an overarching trend in contemporary figurative sculpture. If hyperrealism in sculpture was initially depicted by American artists like Duane Hanson (1925-1996), we can say that a second generation has gone deeper into the overlapping world of the morbid perfection of carnality, further from the initial hyperrealist premises associated with Pop Art. Amongst these artists, we should note Ron Mueck (1958) for the exaggerated size of his work, but also Jhon de Andrea (1941) or Richard museos de museos de cera de las grandes ciudades… Los dobles de la realidad creados por Jinks son capaces de reflejo el miedo al ser del hombre moderno, la noción de cerrazón del sistema de vida marcado por el consumo de la materialidad: la duplicidad de la realidad expone la inmersión en un sistema de pensamiento que no deja lugar a la trascendencia. Por ello probablemente la escultura hiperrealista nos produce la misma atracción que desagrado. La recreación del doble de lo real, reduplica también la exaltación de lo vulgar, de lo feo, que si bien no es ajena en la historia, se hace presente de manera extraordinaria en la contemporaneidad. Tanto en las representaciones figurativas como en las no-figurativas, el feísmo parece haber ocupado un lugar preeminente. Frente a la liberación espiritual que supone la búsqueda de la belleza, lo real no sublimado nos condena a la inmanencia. La representación de la vejez, la proximidad al cadáver y a la muerte tampoco es propiamente nueva. En el mundo helenístico se multiplicaron las producciones de esculturas en las que la vejez o la muerte tomaba un protagonismo hasta el momento ignoto. Valgan como ejemplos La Vieja Ebria de la Gliptoteca de Múnich o el Marsias desollado de los Museos Capitolinos, ambos de extraordinario realismo. La escultura barroca española se unió a la representación realista de la vejez y el sufrimiento, pero sin olvidar el sentido de superación a través de acción redentora de la belleza y, quizás, una inusitada materialización realista de lo sagrado. No puedo dejar de someter la obra de Jinks a una última comparación con otra escultura que por tamaño, por temática y calidad en la representación realista genera paralelismos, aún siendo muy diversa en cuanto su concepción y en la sensación estética que consigue provocar al espectador. Me refiero Els Primers Freds (Los Primeros Fríos) del escultor Miquel Blay (1866-1836) del MNAC de Barcelona. En esta escultura, la figura del anciano desnudo está descrita con una magnifica atención al detalle, con una perfección y virtuosismo que se hacen presentes en cada arruga, donde se representa incluso la deformación generada por el paso de la edad en el cuerpo y donde el tratamiento de las distintas superficies nos transmiten un gran verismo. Sin embargo se abre una gran brecha en lo que respecta a la concepción interior manifestada por ambos artistas en sus respectivas obras, y esta concepción viene determinada desde la propia elección del material hasta el significado de ambas esculturas. Blay eligió el mármol blanco para dar espacio a un gran virtuosismo en la talla en piedra y, a su vez, para dotar de nuevos mensajes a un material clásico en la historia de la escultura. Ambas están llenas de simbolismo en la relación entre las dos figuras que se presentan en la composición. Sin embargo, en Blay la imagen caduca del anciano se compensa con la nueva vida que nos ofrece la joven niña, cuya forma nos invita a descubrir el inicio de una nueva vida y, en definitiva, a la renovación de la vida a través de la belleza. Jinks sin embargo, aumenta la angustia de la representación: nos turba su exceso de realismo, nos perturba de las formas con el exceso en la representación. Angustia que no depende tan sólo del tema de la vejez, sino que está presente también en sus representaciones de jóvenes o incluso de bebés ¿Está el hiperrealismo incapacitado para la representación sublimada de la belleza? Jorge Egea 66

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