LLEI D'ART 11
El bibliotecario debe identificar las fuentes de información pertinentes para localizar, evaluar, seleccionar y adquirir las publicaciones que satisfagan las necesidades de los usuarios y las más adecuadas a las funciones de las instituciones atendidas por las bibliotecas. Las revistas y los libros electrónicos tienen una creciente presencia en ellas. Por este motivo, se centra cada vez más en la selección de bases de datos referenciales y documentales –que constituyen la denominada internet invisible– de agencias de suscripción y empresas «agregadoras» de contenidos, que facilitan el acceso a documentos digitales venales. Debido al continuo aumento de los precios y la reducción de los presupuestos, el bibliotecario tiene que valorar la participación en proyectos de adquisiciones cooperativas que se complementan con los dedicados al suministro de documentos entre las bibliotecas asociadas al consorcio o red. Según van ingresando los materiales bibliográficos, el bibliotecario realiza una serie de comprobaciones (correspondencia con el título solicitado, estado físico, soporte, formato, sujeción a propiedad intelectual, etc.) y de operaciones bibliográficas y económicas administrativas. Una vez efectuadas, se procede a redactar los registros bibliográficos o metadatos descriptivos y de autoridades conforme a unos estándares internacionales, que aseguran su calidad, la independencia de los datos de los programas informáticos usados y la participación en consorcios bibliotecarios que racionalizan los costes de crearlos y permiten a los usuarios acceder a todo el acervo bibliográfico de la red. Los metadatos de autoridades garantizan la uniformidad de las denominaciones de los autores, las designaciones de los asuntos sobre los que versan los documentos y las relaciones existentes entre los temas, así como la identidad de los títulos. El objeto de esta actividad es facilitar la recuperación de la información. La siguiente función consiste en asignar una ubicación física al objeto (libro, revista, grabado, dibujo, disco compacto, etc.) dentro del depósito material o virtual. Una URL o dirección electrónica persistente o signatura topográfica tienen el mismo cometido: localizar, recuperar y facilitar al usuario el documento que precisa. Resulta necesario que el trabajo puntual se complete con una actividad emanada de una política de preservación y conservación de ambas colecciones. Su finalidad es precisar qué se puede expurgar, las características del mobiliario pertinente para cada tipo de material bibliográfico o de las unidades masivas de almacenamiento, la forma de realizar una limpieza regular de las estanterías y publicaciones, los criterios para decidir la restauración y digitalización de publicaciones de gran importancia cultural y económica. En el caso de los objetos digitales esta política debe especificar la realización de copias de seguridad, la transferencia de soportes o formatos informáticos, etc. Algunas de las acciones a tener en cuenta y las realizadas con cada publicación, junto con las limitaciones derivadas de la propiedad intelectual, se puede registrar en los metadatos. Las tareas enumeradas hasta ahora son procesos técnicos cuya finalidad es constituir y organizar una colección de documentos cuyas descripciones conforman el catálogo o base de datos bibliográficos. Éste es el punto de encuentro entre los usuarios y los bibliotecarios a la hora de prestar una parte importante de servicios bibliotecarios. En un entorno convencional o de biblioteca híbrida, formada por objetos impresos y digitales, las prestaciones habituales son la orientación sobre el funcionamiento del centro, el suministro de información bibliográfica existente en los recursos propios y en los externos sobre un asunto, la consulta de los documentos en salas de lectura, el préstamo domiciliario, el préstamo interbibliotecario de publicaciones o partes de publicaciones no existentes en la biblioteca a la que pertenece el lector, la organización de actividades culturales (exposiciones, conferencias, horas del cuento, etc.), la formación de usuarios y alfabetización informacional. El actual entorno digital y las redes de telecomunicaciones, en especial Internet, ha incidido más en la forma de realizar los procesos técnicos y de facilitar los servicios a los usuarios que en las tareas en sí mismas. Las bibliotecas de los países desarrollados ven disminuir la asistencia de los lectores a sus dependencias, porque, gracias a la continua digitalización de los documentos manuscritos e impresos y al aumento de los objetosnacidosdigitalesydedominiopúblico, puedenacceder a las publicaciones desde los terminales (ordenador, tabletas, smartphones , etc.) disponibles en sus lugares de trabajo y en su domicilio. Acceden a ellas y, siempre que las condiciones legales lo permitan, las descargan en las memorias masivas de aquellos. Además, pueden conectar con los bibliotecarios para formularles consultas o aconsejarles la adquisición de publicaciones. Los propios usuarios se pueden relacionar entre ellos a través de las redes sociales de la biblioteca para diversos propósitos. Otro hecho es la posibilidad de utilizar los servicios bibliotecarios virtuales las veinticuatro horas del día desde cualquier lugar del planeta y, si la biblioteca participa en alguna red o proyecto nacional o internacional cooperativo, poder acceder a las colecciones de todas las instituciones que intervienen. Recordemos que en algunos de aquellos colaboran distintos centros de la memoria, es decir: archivos, bibliotecas y museos, que facilitan acceso a documentos, publicaciones, dibujos, grabados, cuadros... Pero la realidad no es sincrónica, es decir, no todos los países tienen el mismo nivel de desarrollo, ni, dentro de una nación, todos sus habitantes poseen una idéntica formación o los medios necesarios para acceder a estos recursos disponibles en la red. Para evitar estas desigualdades y para ayudar a que todas las personas vean satisfechos sus derechos educativos, culturales y sociales, están las bibliotecas de siempre y, en ellas, los bibliotecarios. Luis Ángel García Melero Luis Ángel García Melero pertenece a una familia de bibliotecarios españoles desde 1915, lo que le ha permitido contemplar la evolución de la educación, la cultura, el sector editorial y, en consecuencia, las bibliotecas españolas durante casi cien años. Su abuelo, Justo García Soriano (Orihuela, Alicante, 1884 – Madrid, 1949) fue un claro exponente del bibliotecario investigador y él pertenece a la generación de los bibliotecarios tecnológicos. Ha sido bibliotecario en colecciones privadas, en la Biblioteca Nacional de España, en la del Ministerio de Administraciones Públicas y en la del Tribunal Constitucional, y es autor de varios libros y artículos sobre recopilación y conservación del patrimonio digital, gestión de colecciones bibliográficas y automatización de bibliotecas. 72
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