LLEI D'ART 11

El Triunfo de la Excelencia En 1815, la guerra contra Francia llegó a su fin con la derrota de Napoleón en Waterloo. Los aliados no tardaron en desmantelar el Museo Napoleón para restituir todas las obras de arte. W. R. Hamilton quien, como secretario de Lord Elgin, había desempeñado un papel crucial en la adquisición de los mármoles Elgin, tenía ahora encomendada la misión Castlereagh en París como sub-secretario de estado para Asuntos Exteriores. Colaboró activamente con el Papa a efectos de reclamar todo lo que había sido robado de los museos italianos durante los veinte años previos. Denon, director del Louvre por aquel entonces, se enemistó con él, reprochándole el gran entusiasmo con el que abordó el acto de desmantelamiento. Los mármoles italianos llegaron a Roma en 1816, año en el que se decidió adquirir los mármoles Elgin para el Museo Británico. La derrota de Francia dió el triunfo a Inglaterra, y se proclamó el inicio de la Pax Britannica como una nueva era de prosperidad cultural. Un escrito anónimo a la conocida publicación Gentleman’s Magazine formulaba la siguiente solicitud de cara a lo que parecía ser el «Templo o Palacio de las Artes»: En esta gozosa era en la que tanto los firmes principios como la gran energia de Gran Bretaña han sabido afianzar la inestabilidad tanto de Estados como de Imperios, restaurando la paz, el orden y la confianza en un mundo civilizado, se ha dejado nuevamente constancia de su gran sensatez y talento diplomatico; nunca más podrá decirse que las Musas no habitan junto a nosotros; nunca más escucharemos que no contamos con el lugar apropiado para acogerlas –pero dejemos que sea ahora la generosidad del público la que determine el triunfo de la excelencia, tanto en la posesión como en la ejecución de las Bellas Artes; para demostrar a los países que nos rodean que nuestro talento innato no se sonroja cuando compite con lo mejor de la Vieja Escuela , mostrando la magnificencia de todas las obras que posee. Fue de este modo como se sembraron las primeras semillas a partir de las que se desarrollaría el gran Templo de las Musas, creado por el arquitecto Robert Smirke obedeciendo un diseño neoclásico. La respuesta no fue inmediata; tuvieron que pasar catorce años hasta que los mármoles Elgin, que el autor no había nunca dejado de tener en mente, fueran expuestos en una nueva sala griega del museo. La prioridad concedida a los manuscritos y a los libros era algo tradicional. En su concepción, el Museo había sido creado como una gran colección de libros, manuscritos, especímenes y rarezas naturales que sirvieran como referente para la gente. Su fundación, en 1753, no fue anunciada con una gran declaración de doctrinas museológicas, sino más bien como algo conveniente cuyo sentido no era otro que el de almacenar y conservar la colección de Sir Hans Sloane, legada a la nación tras su muerte el 11 de enero de 1753, así como también custodiar la valiosa colección de manuscritos atesorados por los condes de Oxford, Robert y Edward Harley. Heredados por la duquesa de Portland, los manuscritos de los Harley fueron adquiridos en el mismo acto de constitución del Museo Británico, en 1753. La colección Sloane era la mayor y más importante de las tres colecciones fundadoras, ya que contenía, además de dibujos, manuscritos y libros, una gran cantidad de muestras y especímenes naturales. A ella se le unió una importante colección de antiguedades que incluían algunas esculturas e inscripciones hechas en piedra que, en conjunto, conformaban un singular escaparate de curiosidades de los siglos XVII y XVIII. Sloane era medico, y como otros muchos profesionales de su sector, se había ido haciendo con una interesante colección de rarezas naturales y artificiales, equipo esencial de cualquier caballero cultivado. En 1803, se crearon los planos de una nueva sala destinada a alojar las esculturas egipcias que acababan de llegar de Alejandría. La sala fue reformada en 1805 para acomodar la colección de Charles Townley, adquirida por la nación tras su muerte. Fue reabierta en 1808 y entre 1816-17, se habilitó su zona oeste con el fin de exponer los Mármoles Elgin y Phigaleian. Fue así como comenzaron las colecciones escultóricas del Museo Británico. J. J. Winckelmann, en escritos en torno al año 1750, atribuía la grandeza del arte griego a la propia libertad de los griegos, y con ello se ceñía a Atenas tras las guerras pérsicas. Waterloo se convirtió en la variante inglesa de la batalla de Maraton, y la adquisición de los Mármoles Elgin por parte del Museo Británico vino a ratificar la consabida aseveración de que la libertad y las artes crecen y caen juntas. Winckelmann y la búsqueda de la belleza ideal Puede decirse que la adquisición de los Mármoles Elgin fue el evento aislado más importante dentro de la historia del Ian Jenkins El Dr. Ian Jenkins entró a formar parte del Museo Británico en 1978 procedente de la Universidad de Bristol y es el máximo responsable de las colecciones de la Antigua Grecia. Es un apasionado de la arquitectura, la escultura y la historia de la Antigua sociedad griega. Ya trabajaba en el Museo cuando escribió su tesis doctoral basada en las colecciones escultóricas egipcias, asirias y clásicas. La tesis fue publicada en 1992 con el título Arqueología y Estética en las galerías escultóricas del Museo Británico 1800-1939 . El Triunfo de la Excelencia constituye una de las piezas sobre las que se construye la obra. El artículo que a continuación le ofrecemos, muestra su esencia. 76

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