LLEI D'ART 11
teórico que ejerció mayor influencia sobre el siglo XIX, fue sin duda alguna Johann Joachim Winckelmann. Sin rechazar el concepto de lo absoluto, hizo especial énfasis en la presencia y evolución de la belleza hacia sus «fuentes». Winckelmann, como Aristóteles, estaba interesado en los mecanismos que regían la belleza, tanto en el detalle como en su universalidad. Una comprensión de las partes individuales de una estatua resultaba ser algo esencial para el entendimiento del todo. La unidad ideal de la escultura griega, tal y como él dedujo, dependía del genio griego a la hora de seleccionar las formas más perfectas de la naturaleza y combinarlas después para conformar un todo ideal. Su gran capacidad de observación y la posterior comparación con lo que actualmente queda de la antiguedad es lo que convierte la Historia del Arte Antiguo , de Winckelmann, en una obra de gran importancia en el asentamiento de los pilares sobre los que se levanta la arqueología empírica moderna. Resulta ser que tanto para Platón como para Aristóteles, la belleza, representada como un todo armónico, era un concepto metafísico que predeterminaba el orden correcto de las partes. En la teoría de Platón sobre la mímesis ideal, la belleza pre-existe a los esfuerzos de sus imitadores artísticos, y de modo similar trata Winckelmann la belleza ideal, como objetivo e inspiración del arte: «La belleza parece llamarme», escribía tratando de justificar su anhelo por descifrar el auge del arte griego en la antiguedad, «probablemente esa misma belleza que se revelaba a los grandes artistas, y que se dejaba captar y representar, es la que yo he buscado y encontrado en sus obras». La filosofía del arte de Winckelmann era bastante menos derrotista que la de Platón. Desde luego, conocía y admiraba los trabajos de los primeros filósofos griegos, quienes habían trabajado muy en serio una definición de la belleza, pero entrando en el detalle de la filosofía de Winckelmann, ésta parece coincidir más con discursos posteriores, como el de Plotinus. Difería de Platón en que adjudicaba, tanto al artista como a su creación, un papel bastante más glorioso. Según Plotinus, las cosas materiales también poseen una «belleza intellectual». Esta sencilla cita lo ilustra: «Ahora debemos ver que la piedra…trabajada por la mano del artista con el fin de embellecer sus formas, es hermosa, pero no sólo como piedra –si así fuera, el tosco bloque de piedra ya resultaría cautivador–, sino que lo es en virtud de la forma o idea que le aporta el arte» La gran importancia de Winckelmann para el auge del conocimiento clásico radica sin embargo en el hecho de que fue el primero que trabajó sobre disquisiciones antiguas, particularmente las de Plinio, desde un sistema crítico «moderno», maridando con habilidad la tradición literaria de la teoría del arte con los propios monumentos. Gracias a ello, supo crear un esquema empírico de discusion sobre el desarrollo de la escultura antigua dentro de un marco literario y filosófico tradicional. Sus conocimientos de arte tenían mucho que ver con la vision inspiradora de Platón sobre la trascendencia de la belleza de la escultura clásica, a la que consideraba capaz de resistir cualquier tipo de crítica. Su estudio sobre el auge y la posterior caída de arte griego fue desafiado y modificado, aunque también hubo quienes lo rechazaron por completo. Además, incluso en la actualidad – muy concretamente en Alemania–, Winckelmann sigue siendo considerado como el gran genio de la arqueología clásica. Fue en particular su insistencia en la supremacia del arte de Grecia sobre el de Roma lo que más poderosamente marcó su legado. Sólo en el arte griego, y en el mayor de sus periodos, podia encontrarse esa aproximación al ideal de belleza que viene a representar el objetivo del arte. E. Gombrich ha sabido mostrar que las conclusions de Winckelmann son coherentes con la historia de la civilización humana, tal y como concebía Gian Battista Vico, «el fundador de la Historia Cultural», quien en su Scienza Nuova , en 1744, propuso uno de sus axiomas: «El carácter de las naciones empieza siendo rudo, después es severo, después bondadoso, después frágil y finalmente depravado. Tanto si Winckelman hubiera o no leído a Vico, esto es algo que carece de importancia ya que, como Isaiah Berlin apuntó en su día: «las ideas viajan sin etiquetas». Las teorías de Winckelmann fueron puestas en práctica mediante la creación de copias romanas de esculturas griegas, que él confundió con las originales. Estas copias habían sido halladas en Albania y alguna otra zona de Italia; él nunca había estado en Grecia. Entre lo primero a señalar sobre lo que sucedió con las obras que Winckelmann creyó originales es que en ello tuvo mucho que ver su amigo, el pintor Raphael Mengs, quien sostenía que, entre la serie de esculturas consideradas por Winckelmann como griegas, unas cuantas eran copias posteriores que databan de la época romana. Tales revelaciones, no obstante, no consiguieron debilitar la convicción sobre la supremacía griega; más bien sucedió todo lo contrario, intensificó su veneración. En el siguiente pasaje extraido de su Historia del arte antiguo , Winckelmann admitía que «la autoridad del mundo antiguo predetermina nuestra opinion» y de alguna manera parecía querer sugerir al lector la posibilidad de que nuestras ánsias por saber todo sobre el conocimiento antiguo pueden llevarnos a veces por mal camino: Del mismo modo que la joven sentada a la orilla del mar contempla con los ojos llenos de lágrimas la partida de su amado sin esperanza alguna de volverlo a ver, imagina la figura de su amor a lo lejos, en el mar distante. Al igual que esta joven doncella, a nosotros tampoco nos queda nada más que el difuso perfil del objeto de nuestros deseos, aunque esa difusa presencia despierta aún más anhelos hacia lo perdido, por lo que estudiamos las copias de los originales con mucha más atención de la que hubiéramos prestado a los propios originales si los hubiéramos tenido. En este aspecto nos parecemos mucho más a aquellos que buscan establecer contacto con los espíritus y creen haberlos visto, cuando en realidad no hay nada. Básicamente, lo que Winckelmann entendía de la escultura antigua no sólo dependía de los presuntos prototipos de belleza griega que aún se conservaban, sino más bien de la nostalgia de la perfección metafísica de la belleza griega, capaz de trascender simples paradigmas materiales. Su aproximación a la antiguedad tenía una gran melancolía y anhelo hacia esa edad dorada y perdida. La belleza de este mundo sólo sirve para recordarnos lo que hemos perdido. Aunque Winckelmann era toda una autoridad, no se libró de ser cuestionado. Uno de los más fervientes detractores fue Ennio Quirino Visconti quien, a pesar de aceptar la grandeza del arte griego dentro del periodo clásico, no aceptaba creer que las esculturas de los periodos Helenístico y Romano fueran consideradas inferiores. Él consideraba que 80
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