LLEI D'ART 14
C oincidiendo con la VI Bienal deMoscú, el Museo Judío y Centro de la Tolerancia, a expensas de la londinense Lisson Gallery, presenta una exposición de Anish Kapoor, laprimeradesdeque la institución tomó ladecisiónde hospedar muestras temporales de artistas contemporáneos. Kapoor es uno de los artistas vivos actualesmás influyentes gracias a lo que desde el punto de vista de los «expertos» ha sido uno de sus más relevantes logros: conseguir alterar el modo en que percibimos los espectadores la escultura contemporánea. Nacido en Bombay (India) en 1954, Kapoor trabaja y vive en Londres desde 1973. Hijo de padre indio y madre iraquí de religión judía no practicante, el artista crea oquedades, vacíos, concavidadesoagujeros, comomejor se prefieradefinir, dadoque laesenciadesusimbólicaescultura recae en la búsqueda del mejor y más impactante modo de representación del espacio no contenido, del vacío. Como el mediático escultor define: Me interesa toda aquella escultura capaz de manipular al espectador estableciendo un vínculo específico entre espacio y tiempo, entendiendo el tiempo como escindido en dos diferentes niveles: uno de ellos es el narrativo y cinemático, y ocurre tras el pasoa travésde laobra;elotroes laelongación literaldelmomento. Esto tiene mucho que ver con la forma y el color, así como con la propensión del color a inducir una suerte de ensoñación y, como consecuencia, una prolongación del momento temporal. El espaciocontenidoenundeterminadoobjetohade sermayor que el objeto que lo contiene. Mi intención es separar el objeto de su propio continente. La pieza principal en torno a la que gira su propuesta en Moscú es un enorme cúmulo circular de tierra pigmentada en color rojo azafrán, cera y vaselina realizada en 2003, que con el título My Red Homeland , hace las delicias tanto de la crítica como del público, que suele reaccionar ante la espectacularidad de sus piezas con sorpresa y cierta perplejidad al sentirse literalmente engullidos por las obras –habitualmente descomunales– del angloíndio, algo que a veces no puede evitar recordarme el artificio de un parque temático, uno de cuyos principales objetivos, amén de hacer una gran caja, es el de conseguir arrancar intensas sensaciones, siquiera viscerales, en sus visitantes. Le acompañanotrascuatroesculturas representativasdel vacío, lamontaña, el fuego y el agua. Lo de la mística casi que prefiero dejarlo al criterio de cada uno. Es bastante difícil intentar maridar espiritualidad con especulación, si bienaveces–muypocas–, hayquienparece conseguirlo. Bien es verdad que Kapoor es un magnifico ilusionista y una indudable estrella del espectáculo. Ha tenido la gracia de conseguir hacerse con la simpatía de propios y ajenos. Es muy posible que en tamaño logro tenga mucho que ver su talante y su poca disposición para ser pasto de controversias. Se confiesa apasionado y profundamente influenciadopor su cultura original. Aspectos tan controvérsicos como presencia o ausencia, densidad o vacío son sólo algunas de las inquietudes que se apoderan de su producción artística. Desde su privilegiada atalaya, tan sólo alcanzable por unos pocos, explica con extraordinaria elocuencia su discurso, en el que priman juegos de dualidad entre lo místico, la conciencia, lo físico y lo filosófico, las sombras y las luces, lo corporal y lo mental, lo sublime y lo vulgar. No haymás que escuchárselodecir a él mismo: Amenudo confunde el empleo de adjetivos tales como “místico” cuando se atribuyen a mis orígenes, puesto que todo lo que procede de la India se supone que es jodidamente místico […] Es algo realmente desconcertante porque vivimos en un mundo donde casi todo parece tener una explicación y sin embargo hay aspectos que llevo años observando y que sigo sin entender ¿no significa algo? La esculturamental AnishKapoor. S-Curve , 2006.Museo Judío yCentrode la Tolerancia (Moscú)/ The JewishMuseum&Tolerance (Moscow). ©AnishKapoor La alquimiadeKapoor y su apego por el rojo 13
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