LLEI D'ART 2
54 miento arqueológico que explora la mente, los sentidos y el gusto. La esencia fundamental del arte circunda en torno a una especie de procedimiento en base al cual el artista percibe, crea, y participa en su realidad, así como en el modo en que ese mismo artista permite que otro participe de esa realidad. Desde mi personal punto de vista, el arte es una manera de pensar, de respirar, de hablar o de sentir. Los artistas sueñan con encontrar un representante, un crítico y un público que entienda su particular visión. Ex- hiben sus trabajos con la esperanza de iniciar un diálogo entre espectador y artista, a través de su trabajo. Esta interacción es un acto creativo que en sus momentos de complicidad más profunda requiere de un compromiso emocional e intelectual. Siempre estamos en busca de esa profunda involucra- ción y deseando llevar nuestro arte por todo el mundo (y, admitámoslo, adquirir fama, fortuna y un puesto de honor en los cánones artísticos). Esperamos que, de alguna manera, exista un país ima- ginario rico en oportunidades. Estados Unidos, Europa, China, quizás la luna, pueden llegar a parecer el lugar donde una tan íntima comunicación pueda tener lugar, pueda suceder, y nuestro arte adquiera una nueva visión dentro de la sociedad. Así pues, ¿cómo hemos podido llegar desde ese sueño a la realidad? El mundo del arte en el que vivimos está dominado por los estéticos postmodernos institucio- nalizados. Con frecuencia, lo que es considerado más importante no es la forma o el contenido del arte en sí mismo sino el contexto en el que aparece. La envoltura de algo es más relevante que ese algo mismo. De este modo, la intimidad, la pasión, la verdad y el auténtico compromiso con ese algo desaparecen por completo. Cuando leemos titulares, resulta curioso cómo la mayo- ría omiten el contenido del trabajo o la experiencia que ese trabajo implica. Frecuentemente mencionan la cifra de la última valoración. Las instituciones dependen de la estabilidad. Las insti- tuciones artísticas no son diferentes. Las nuevas ideas visuales retan el status quo. Este desafío depende de no- sotros. Es un camino que requiere la estandarización de la estética. Y que las instituciones muestren los mismos trabajos una y otra vez. El arte es algo más que puro aburrimiento. Los artistas no tienen por qué seguir las normas marcadas por las instituciones. Hemos de rom- perlas. Es preciso un cambio. Es preciso poder expresar las experiencias personales e íntimas. Citando a Matisse “Un artista no puede ser nunca un prisionero…un ar- tista tampoco debe ser prisionero ni de si mismo, ni del estilo, ni de la reputación ni del éxito…” Últimamente han surgido quienes, como Dave Hickey, abogan por un cambio. Una de sus mejores frases en su conferencia, con moti- vo de la Frieze Art Fair (Londres) decía…”Hay gente ahí fuera que prefiere el arte al dinero…” El hecho de que esta afirmación suene tan radical es quizás su vertiente más lastimosa. Debo admitir que muchos han sido los artistas que han comulgado con el sistema y que por ello debemos pagar. “...Mi mano es capaz de tocar otras cosas, pero sólo porque mi mano puede también ser tocada.” David Abram The Spell of the Sensuous La realidad americana no coincide con el mito. El actual cuento de hadas de que en América se atan los perros con longaniza no es más que una historia. En su trabajo videográfico, Valie Export fue muy precisa mostrando nuestros propios cuerpos funcionando a modo de es- pacios publicitarios. El dinero suele ser la fuerza que nos guía. El buen arte nace de las entrañas, tiene una visión instin- tiva que envuelve experiencia, sensaciones e intelecto. Para el artista comprometido, el arte es necesario. Por- que el arte es lo que hace que el sol salga, el mundo gire, caiga un rayo, llueva o crezca la cosecha. En el postmodernismo, no se tiene en cuenta nada que no venga debidamente empaquetado o contextualizado. El arte, sin embargo, es sucio –literal y metafóricamen- te. Tiene mucho que ver con un cierto desorden físico y psíquico. La suciedad, como la pintura o la tinta, del mismo modo que nuestra sombra, integran parte del subconsciente. Nuestra cultura, por lo general, deva- lúe lo irracional y lo desconocido, lo incuantificable y lo extraño. El nivel institucional saca el arte de su esfera, visceral y psicológica, para arrastrarla hasta una fábrica esterilizada. Esto crea dinero, pero no tiene sentido, y no beneficia al arte.
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