LLEI D'ART 2

62 reflexiones Sentimientos compartidos de Jose María Madrid Pintor Durante la Biennale Internazionale dell Arte Contemporanea, recien- temente celebrada en Florencia, en diciembre de 2007, alguien se entretuvo en registrar, con una cá- mara de vídeo, los gestos reflejados en los rostros de setenta artistas de diferentes nacionalidades, cuando se les preguntaba: ¿Cómo es la si- tuación del arte en su país? Ciertamente, no hubo muchos gestos de satisfacción. Y es que creo yo –sin pretender caer en vulgares reivin- dicaciones, que ya va siendo hora de que los artistas también aportemos nuestra versión, tan válida como la de historiadores, críticos, galeristas, dirigentes cultura- les, mecenas, promotores o marchantes. España es un país donde la cultura ha fluido igual que el agua en los manantiales, es decir, por donde menos te lo esperas. En cualquier rincón hay vestigios de todo tipo y de todos los tiempos. Todos los pueblos, por recónditos y pequeños que sean, conservan algo de un pasado más o menos cercano, que refleja que las personas que lo habitaron, poseían una gran riqueza artística y cultural. El dilatado paréntesis que experimentamos durante el siglo pasado, posiblemente por motivos políticos en los que no deseo entrar, y que irremediablemente nos descolgó del poderoso tren cultural europeo, relajó las inquietudes artísticas, aún después de que el país hubie- ra retomado la senda democrática. Los gobernantes no estaban por la faena de culturizar el país. Resultaba mu- cho más atrayente volcarse en estériles batallas políticas, por lo que nuestro país siguió padeciendo en silencio una profunda agonía artística. Sí se desembolsaron grandes sumas de dinero en la cons- trucción o rehabilitación de los grandes templos cultu- rales, aquellos repletos de magníficas obras, concebidas para ser expuestas en prestigiosos museos nacionales de arte, pero se olvidaron de la cantera, de la formación, de la promoción de jóvenes talentos. Y aunque bien es cier- to que han gastado mucho dinero en la creación y promoción de esos templos culturales, grandes obras para grandes museos, se han se- guido olvidando de lo más básico, enseñar al pueblo desde la base, es decir, desde niños, desde que em- pezamos a tener uso de razón. Este gran pueblo español se mueve por impulsos y por modas. Si vemos que en los teledia- rios nos anuncian una gran exposición, allí acudimos en masa. Pero cabría preguntarse ¿sabemos algo o nada de lo que vemos? Pues jugando con esta gran incultura, se nos mete de lleno la moda del arte denominado “postmoderno”. Las obras figurativas quedan denostadas, mal vistas y arrinconadas. Solo les ha faltado mandarlas a la hogue- ra pública. Ahora priman los “churretitos” de colorines. Eso de saber dibujar y demostrar sobre un lienzo un ta- lento, ya no vale y no solo no vale sino que además está mal visto. Que sería de la historia de la humanidad sin aquellas figuras de las cavernas de hace millones de años. Que sería de la historia de este mundo sin aque- llos pintores realistas rusos del siglo XIX que nos dejaron aquellas magnificas escenas de la vida cotidiana. Que hubiera sido de todos aquellos grandes maestros, de Miguel Angel, de Leonardo, de Velásquez, de Sorolla, etc. si hubieran transformado aquello en “churretitos” de colores que adornasen casas y palacios de la época, buscando conjuntar cuadros con cortinas y paredes ¿En definitiva qué hubiera sido de nuestra historia y de la historia del arte? El “arte” de un artista se define por sus obras. Cuanto más se ensancha la necesidad de explicar la obra, más se expande la distancia entre el público y la obra. Se recurre a términos como gusto educado o iniciado, y su necesidad, para justificar la supuesta incomprensión de la obra. Esta situación es notoria en los ámbitos de la “plástica, sea esta conceptual, o no”. Pero se le exige al

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