LLEI D'ART 3
26 LLEI D’ART consensuado por todos y cuya estructura y función sólo puede tener pocas variantes, en lo que se refiere a la forma de la mesa puede variar en cada cultura según sea su uso, funcionalidad, concepciones y costumbres, lo que afectará a la configuración formal de la misma. De tal forma, según su uso y funcionalidad, la mesa puede servir para comer, para reunirse, o bien si toma- mos como referencia las concepciones y costumbres, esta puede servir como altar o mesa de sacrificio y es ahí, en la representación que le demos, donde este objeto adquiere un valor simbólico. El carácter discursivo y analítico del signo (icono de la forma) se asocia, por lo tanto, al símbolo, que es esen- cialmente sintético e intuitivo para producir la forma final del objeto y su significado. Para lograr este significado no es, necesario, como hi- cieron las nuevas abstracciones a principios del siglo pasado rechazar de plano todo lo que se ha hecho hasta ahora, tanto en el campo formal, como en to- dos lo demás; sino, más bien, enriquecerse con todos lo hallazgos anteriores. El simplicismo, por lo tanto, no trata de ser una técnica: abstracta o figurativa, sino un elemento globalizador entre ambos conceptos. Tanto el arte figurativo como el abstracto son imitación de algo. El figurativo, de un naturalismo vigente y el abstracto, de una idea mental. Pero el arte figurativo también po- see una idea mental (Ananda Comaraswamy). Para el simplicismo, lo primero y más importante es el símbolo como fuerza dinamizadora de la expresión y como catalizador entre concepciones milenarias de la representación como son: la abstracción (12) (no como la desintegración de la forma, sino como una reducción de la misma) y de los elementos figurativos (no como una copia del referente, ni como una representación escénica) sino como objetos, que pueden estar pinta- dos de una forma o de otra, pero que sobre todo es- tán supeditados a su condición simbólica. Volviendo al ejemplo anterior, una mesa es una mesa, pero si ésta se saca del contexto bodegón y se le da un contenido a través de la forma, la composición y el color; tenemos entonces una obra simplicista. Por lo tanto, para el simplicismo lo importante no es que una obra de arte cuente una historia, sino que la obra de arte sea, ante todo, una pintura que por el hecho de serlo y de cómo está realizada, es susceptible de ema- nar un sentimiento simbólico. ”Hacer inteligible la verdad primordial, hacer audible lo no oído, enunciar la palabra primordial, representar el arquetipo, ésta es la tarea del arte, o si no no es arte.”( Andrae, W). Los parámetros a tener en cuenta en la creación pictó- rica simplicista serían pues: reducción de las formas al nivel de la idea. Esta debe marcar la pauta de la com- posición, la manera de realizarla y el proceso final o acabado de la misma. Dicho acabado puede ser, en el simplicismo sencillo, de carácter abstracto (Mondrian, Paul Klee) o de carácter figurativo (Van Gogh), teniendo en cuenta que puede contener una desintegración de la forma y tomar referencia del referente, aunque no se detenga en detalles del objeto. Mientras que en el sim- plicismo relativo, el artista puede acercarse al referente intentando captar los detalles mientras la parte simbóli- ca lo requiera (Velázquez, Van Gogh). En ambas formas de simplicismo el color y la disposi- ción espacial están al servicio del símbolo, que es la idea. Podemos pensar que los pintores orientales no sabían de perspectiva o tenían miedo de depositar una gama más rica de color o que en la escultura antropo- morfa griega no sabían imitar al referente; sin embargo ésto no es así. Ello obedecía a una necesidad de com- prensión por parte del espectador del hecho simbólico. Puesto que el objeto, el signo, producto de la idea debe contener el símbolo, su distribución espacial también será simbolica, sencilla y fácilmente comprensible De la misma manera, los colores no necesariamente tie- nen que ver con el referente, sino que pueden quedar contrastados y disponer de gamas de color reducidas, determinando así, no el parecido del color a la imagen, sino el hecho simbólico en sí. El orden y la reducción de elementos disuasorios contri- buirán a una mejor comprensión del tema. Por último “El juicio fundamental concierne al grado en que el artista ha conseguido dar clara expresión al tema de su obra” (Ananda Comaraswamy) . Por lo tanto a la pregunta de si la cosa ha sido bien dicha, será eviden- temente necesario que sepamos qué es lo que había que decir. Muchos estudiosos de la percepción piensan que aque- llo que es simple es más fácil de percibir por el ojo hu- mano que aquello complejo. De hecho, las formas más simples sintetizan la realidad, unen en dos o tres puntos los diversos aspectos de una realidad compleja. Pero, lo simple, sin símbolo, no tiene contenido. Vivimos en una época vertiginosa en la cual el ser hu- mano no se para a pensar por qué ocurren y pasan las cosas. De aquellos tiempos en que lo simbólico era interpretado como mensajes divinos, pasamos a otra época donde el artista mostraba aquello “ocultado” por medio de un símbolo reconocido e inserto a través de los tiempos en la memoria colectiva. Lo simbólico servía para representar lo que no veíamos, pero percibíamos. Santial Doctor en Bellas Artes www.santial.com
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