LLEI D'ART 3

28 Arte aplicado a la arquitectura (Madrid, 1931) Angel Atienza Hay quien defiende que el arte se sirve de la ar- quitectura para alcanzar más altos objetivos. Yo quizás lo presentaría al revés. Desde la antigüedad, han existido estrechas rela- ciones entre las artes plásticas y la decoración de interiores o exteriores arquitectónicos. Mosaicos, murales, relieves, cariátides, gárgolas o vidrieras se integraban perfectamente dentro de la estructura básica de edificios monumentales, apor- tando un cierto misticismo o espiritualidad al conjun- to, al tiempo que sustituían, muchas veces, la fun- ción estructural de columnas, muros o desagües. Aunque en el caso de la escultura, ésta conformó parte de la arquitectura hasta el Renacimiento, época en la que definitivamente se erigió como arte independiente, marcando las distancias (las esculturas pasaron de ser columnas decoradas a hacerse su propio espacio dentro de elementos estructurales, como es el caso de las hornacinas, nichos especialmente diseñados para alojar pie- zas escultóricas que ya no tenían como prioridad la funcionalidad), en el caso de la pintura, su utilidad estaba dentro de las eventuales correcciones ópti- cas de pequeños fallos arquitectónicos, recreando a veces perspectivas o ilusiones, y ampliando ópti- camente espacios. (Pinturas ilusionistas, trampan- tojos, etc.). Especialmente omnipresente en edificaciones ta- les como templos, santuarios o cementerios, las diferentes muestras de representación artística han venido representando un papel esencial, no ya sólo estructuralmente, sino como elementos portadores de luz y significado. Mediante las vidrieras, la luz se incorporaba al in- terior de espacios originalmente oscuros, dejando entrever, con las diferentes oscilaciones de inten- sidad y dirección que los haces experimentan a lo largo del día o incluso de las distintas estaciones, lo que para muchos parecía una especie de señal celestial o signo, que se materializaba en forma de magnífica ilusión óptica. Con el paso del tiempo, la aplicación de vitrales dejó de ser una exclusiva de este tipo de arqui- tectura monumental, para conquistar también los hogares más acaudalados. Es frecuente que algunas de las composiciones en vidrio de color y plomo o –más recientemente-, en hormigón o hierro, reflejaran simbólicamente la historia de un apellido, su heráldica, como leal tes- timonio de los antecedentes o vicisitudes por las que había atravesado un determinado linaje.

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