LLEI D'ART 3

49 La honestidad en el arte “La honestidad se refiere a la compostura, decencia y moderación en las personas, acciones o palabras” Diccionario de la Lengua Española Santial Eso es lo que dice la Real Academia, pero exis- ten otras acepciones para las cuales la honestidad “es una cualidad humana que consiste en compor- tarse y expresarse con coherencia y sinceridad, y de acuerdo con los valores de verdad y justicia e implica la relación entre el sujeto y los demás, y del sujeto consigo mismo.” Siempre se ha intentado buscar el significado a la palabra honestidad. En Occidente, Sócrates fue uno de los primeros que en su intelectualismo ético, “entiende que sólo conociendo qué es la virtud, el bien o la justicia, o cuál es su esencia, podremos ser virtuosos, bue- nos o justos en la práctica.”(1) En Oriente, el nivel más profundo de honestidad es el Ren, desde el cual surgen el Yi, y por tanto también el Li. La moral de Confucio se basa en la empatía y la comprensión de los demás, lo que requiere un auto de comprensión previa, de la que nacen las normas morales. “La honestidad consis- te por lo tanto en ponerse en el lugar hipotético de la propia vida futura, y la de las generaciones pa- sadas y venideras, y elegir no hacer o decir nada que pueda mancillar el honor o la reputación de la familia.” La responsabilidad de tus actos es sólo tuya y en consecuencia debes acatar tu propia sentencia. Pero fue Kant, con sus imperativos categóricos, quien enlazó los conceptos de la virtud socrática que sólo se refiere a la virtud como algo que se debe practicar de cara a cumplir con las normas sociales (principio hipotético), con los conceptos confucianos que tenían que ver, además, con la actitud moral hacia uno mismo; es decir, yo hago el bien por mí mismo y al hacerlo, será acto de reflejo en los demás (principio categórico). Principio del acto creador. Yo creo algo y al hacerlo, demuestro mi talento (acto de iniciación exotérica), pero para hacerlo, debo ser crítico y honesto conmigo mis- mo. En síntesis, desde el punto de vista occidental, dar una respuesta positiva o negativa a una pregunta sobre la cual no se dispone de suficiente informa- ción, sería tan deshonesto como mentir. De la mis- ma manera, forzar al interlocutor a comprometer- se con una respuesta sobre la que honestamente tiene dudas, es un comportamiento considerado poco cortés en la tradición asiática. En todas las culturas, el arte aparece como una forma de aprehensión de la realidad exterior, como una manera de aprehender el mundo, como un en- cuentro entre el hombre y el mundo exterior, desde el primer día de la creación hasta más allá de los siglos futuros (2). Este encuentro entre el hombre y el mundo exterior ocurre en el ámbito del instinto y del entendimiento, y más tarde deviene intelectual. Los orientales, que siempre han vislumbrado la inmanencia de los principios gigantescos que ani- maban el universo, trataban de transmitir una vi-

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