LLEI D'ART 3

50 LLEI D’ART sión poética al espectador. Si bien a partir del siglo XX se produce un cambio con- siderable en la relación del arte con el mundo, los ar- tistas, sin embargo, siguen considerando que una obra se valora más por quien la admiró que por quien la creó. Por lo tanto, el obje- tivo de la pintura oriental es la transmisión poética al espectador (3) y esto está vinculado a la práctica de un grado de honestidad en el acto creativo. No ocurre lo mismo con la tradición occidental. El do- minio de la razón sobre la sensibilidad (el descrédito del romanticismo), el de- sarraigo progresivo de todo tipo de sentimiento religioso e incluso moral (ateísmo, existencialismo), el creci- miento abusivo del poder del alto capitalismo, de la banca y de las finanzas, sobre todos los demás po- deres y móviles (el triunfo del capitalismo) junto a la supeditación tajante e in- discutible de la política a la economía (materialismo) (4), provoca una seria ca- rencia de valores sociales y morales que acaban con el idealismo. Si los artistas orientales tenían el Satori “ilumina- ción interior” como un ideal, no sólo artístico, sino social y moral, a los occidentales, herederos de unos valores cristianos en los cuales ya no creían, ¿qué les quedaba? ¿Quedaba su mundo reducido a ellos mismos? A los necesarios impulsos de mantener la hones- tidad en la representación y en la búsqueda de nuevos valores de interpretación de la realidad, sucedieron unas vanguardias que vieron pron- to la necesidad de una rápida ejecución formal, para una mayor difusión y venta. A pesar de esto, y durante varias décadas, algunos artistas y mo- vimientos fieles a la idea de que el arte debería obedecer a impulsos más sublimes que la bana- lización de la venta, hicieron incursiones unos, y mantuvieron sus postulados otros en aras de la conservación del arte como elemento de transmi- sión de emociones, vehículo transmisor de ideas e informador social (5). En los artistas y movimientos de la primera déca- da del siglo, se percibía, sobre todas las cosas, una necesidad de expresar los sentimientos del artista (6). Pero además, contemplando un cua- dro, cualquiera de cada uno de estos artistas, se podía hacer una lectura, no sólo de cómo estaba el artista interiormente, o de lo que pensaba del mundo, sino que también se dejaban entrever to- dos los aspectos controvertidos de una sociedad decadente, como era la del primer cuarto del siglo XX. Era necesario dar un impulso al pensamien- to, cambiar las maneras de hacer arte e innovar la mayoría de los planteamientos artísticos. Los artistas eran conscientes de ello y manifestaban constantemente la necesidad de producir un nue- vo arte. Todos los talleres trabajan incesantemen- te para cambiar la realidad del mundo artístico, y todos lo hacen desde la honestidad, no como una necesidad de vender su obra (cosa que estaba im- plícita)(7), sino más bien, desde el convencimiento de estar haciendo historia. Surgen así nuevos movimientos como el cubismo, el futurismo o el fauvismo, que propugnaban un arte nuevo desde la honestidad, buscando nue- vas alternativas a promulgar. Esto es algo que no ocurre sólo entre artistas. Los teóricos y críticos colaboraban con ello. De esta manera, Benedetto crece en su Estética, aparecida en 1902 en Mi- lán, argumentando la idea de que “…toda creación artística es una unidad intuitiva de la forma y el contenido, pero estrechamente relacionada con la historia…” (8). Los distribuidores del arte, por otra parte, eran se- lectos, y apostaban por los nuevos artistas, inde- pendientemente de que sus obras fuesen vendibles o no. Si su arte era bueno, tenía contenido, buen hacer y, además, era innovador, ya era suficien- te. Se hacían grandes exposiciones como la del Armory Show de Nueva York, que en 1913 aco- gió un buen plantel de lo mejor del arte moderno de aquel momento. En 1919, el filósofo Stanislaw Witkiewicz manifestaba que “La obra de arte debe proceder - permítaseme la expresión - de las tripas mas vivas del individuo, aunque en el resultado se libere al máximo esa ‘visceralidad’...” (9). Surgie- ron artistas como Eduard Munch, Lovis Corint, Ja- mes Ensor, Oscar kokoschka, y grupos como Die Brucke o Der Blaue Reitier, que manifestaban su honestidad intentando expresarse a través de un arte que intentaba representar una realidad cru- da y difícil, propia de períodos entre guerras, así como la necesidad de dejar constancia de esa rea- Detalle de la obra “Alma”. © Golucho.

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