LLEI D'ART 3

51 lidad. Esta visceralidad era manifiesta, sobre todo, en los expresionistas, los surrealistas, algunos fu- turistas y artistas de la llamada Nueva Objetividad, que con sus obras intentaban amortiguar, con sus interpretaciones de cruda realidad, el nacimiento de grupos de arte que comenzaban a desintegrar la forma para crear una nueva realidad: el neoplas- ticismo -la abstracción promovida por Kandinski-, el constructivismo, etc. Grupos, que aunque más tarde se posicionarían en un arte no objetivo y falto de emocionalidad, conservaban, sin embargo, y en los primeros años de su existencia, una cierta honestidad en la eje- cución de la forma y en el sentido innovador que intentaban proporcionar a la obra. Por lo tanto, to- dos lo hacían desde una perspectiva de innova- ción y fuerza creadora. Muchos, como Kandinski, venidos de un arte casi naturalista y comercial en aquella época, lo cambiaban por un arte con el cual ellos se sintieran bien y a la vez estuvieran aportando algo a la evolución social y artística. Los acontecimientos de la segunda guerra mun- dial dieron al traste con aquella necesidad de pro- clamar la verdad, y el ejercicio de la honestidad se vio esquilmado por los desastres de la guerra. Por un lado, muchos artistas entendieron que ya no era necesario expresar la vileza, sus sentimientos, sus pasiones etc., porque la propia guerra ya se encargaba de demostrar los horrores de la natura- leza humana, y por otro lado muchos perdieron su dignidad en la guerra debido a los desastres que vieron o que tuvieron que ejecutar. Durante la gue- rra, se estableció un nuevo orden mundial, y en el campo artístico, los nuevos poderes dirigían los resultados artísticos. En Europa, los regímenes to- talitarios (nazismo, comunismo) (10), y en Estados Unidos (11), el poder económico, contribuyeron a que los artistas vieran sus ansias de expresar la libertad guillotinadas, mutiladas. Ya no podían ex- presar la verdad de la vida, porque ellos, perdidos, no sabían lo que era. A través de nuevas formas de expresión creadas al azar, y sin sentimiento, huían de esa realidad, representando formas que ni ellos mismos entendían. El Action Painting y los nuevos Tachistas surgían como un eslabón entre la necesidad del artista de expresarse y el no saber que expresar (todavía ha- bía sentimiento en el gesto) en el acto de ejecutar ya que este carecía ya de todo contenido. El Pop reflejaba una especie de rabia contenida, inten- tando expresar una denuncia social que sólo en algunas artistas se lograba, mientras que en otros quedaba sometida a la propia estética comercial o la adulterada por esta (12).Y ya fue con los infor- malistas, los minimals, etc., que el artista se vol- vió aséptico y sin senti- miento, al tiempo que el galerista se convirtió en especulador, mientras que el crítico elucubra- ba sobre el álgebra que nadie entendía sobre la irradiación que emana- ba el nuevo arte. Y el comprador,… bue- no,…el comprador ad- quiría el producto que le vendieran..... Había comenzado una nueva era. La demo- cratización del arte ha- bía dado paso a la baja cultura. No interesaba tanto la innovación, la marca estilística de un sentimiento, como la reproducción de una serie de elementos de- corativos que fuesen llenando paredes y es- pacios para el nuevo comprador, carente de gusto, pero con poder adquisitivo. El artista se había convertido en re- productor de su propio estilo. Walter Benjamín ya había publicado en 1937 (unos años an- tes) un texto titulado “La obra de arte en el tiempo de sus técnicas de reproducción” en el cual viene a decir que el aura de la obra de arte se había perdido (13). Y efectivamente así fue, porque el artista que en- contraba una forma de hacer, no hacía sino repe- tirse a sí mismo, argumentando las virtudes que tenía su obra, pero sin que pudiéramos ver nin- gún contenido en la misma. Ya no había emoción, había desaparecido el con- tenido, el código. Sólo podíamos visualizar la cás- cara de una naranja sin pulpa. Y este orden de cosas continuó a lo largo de todo el resto del siglo XX, a través del cual asistimos a renovaciones de anteriores caminos. Las nuevas galerías, que ven al artista más como un negocio que como un creador, apuestan por la obra vendible; los críticos cierran los ojos ante un plato de lentejas y surgen así renova- ciones estilísticas cuyos objetivos son realizar obras que contengan elementos que, comprobados esté- Detalle de la obra “El mundo y Alicia”. © Golucho.

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