LLEI D'ART 3

72 temas El bosque Simbolismo dual. Vida y muerte. Alegría y terror. Tierra y cielo. No hay bosque sin árboles. El árbol, símbolo uni- versal de la vida y del mundo, presente en todas las narrativas de verdades y leyendas de todos los continentes y culturas. Quizás origen del entendimiento de los poderes sobrenaturales. Podemos imaginar a los indivi- duos primitivos cómo debían observar el hecho de quemarse un árbol por un rayo. La fuerza del cielo absorbida por el árbol, provocando sensaciones, en aquel momento, inexplicables. Motivo suficiente para considerarle mágico y conexo con las deida- des (Brosse 1989; Harrison, 1992). En el antiguo Egipto, los dioses tenían su asiento en un sicomoro y dos de estos magníficos arces flanqueaban la puerta oriental del cielo. Uno de los símbolos más antiguos del judaísmo es el candelabro ramificado llamado menorah, y tiene relación con el árbol de la vida. Los árboles se encuentran presentes en manifes- taciones religiosas de gran trascendencia como la iluminación de Buda bajo el árbol, la madera con la que se hizo la cruz de Jesús, el árbol de Navidad (costumbre iniciada en Europa hacia el siglo XIX) o los árboles Sakaki donde se cuelgan los espejos en los santuarios sintoístas de Japón. La influencia de la cultura griega y romana en el Renacimiento bien hubiera podido ser el inicio del subconsciente colectivo por toda Europa de aso- ciar los árboles a las “sombras” del espíritu y del intelecto y propulsar su tala para dar paso a la luz de la “ilustración”. El humano siempre ha desarrollado un sentido egoísta de la especie, intentando dotar de sim- bolismo antropomórfico a todo aquello que no sea a su imagen y semejanza. El árbol no se ha librado de tal costumbre. Así podemos leer en el bíblico Cantar de los Cantares, manifestaciones referentes a la fertilidad y la belleza, descritas de este modo: “Tu talle, como la palmera; tus pechos, como los racimos” (7:8-9); Y ella dice: “Como un manzano entre árboles silvestres es mi amado en- tre los jóvenes. A su sombra deseada me senté y su fruto fue dulce a mi paladar” (2:3). Curiosas son las mitológicas transformaciones humano-arbóreas como aquella célebre de Dafne que, acosada por Apolo, se convirtió en laurel, y que Apolo adoptó decorando su lira y utilizando sus hojas como corona. Los árboles son objeto de representaciones abs- tractas dentro de nuestro léxico. Nos referimos a ellos en múltiples ocasiones utilizándolos como metáforas (árbol genealógico, tronco cerebral, ra- mas de la sabiduría). Grandes artistas se han ser- vido de ellos para explicar gráficamente sus ideas. “Árbol” .Andrés Castellanos García (2008) Óleo sobre tabla. Obra seleccionada en el III Concurso de pintura y escultura figurativas 2008 de la Fundació de les Arts i els Artistes. © Andrés Castellanos García

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