LLEI D'ART 3

73 Leonardo da Vinci explicó el sistema circulatorio valiéndose de la imagen de un árbol al que se refi- rió como “árbol de venas”. La tradición de darle valor de sagrado a un bos- que, es común en todas las culturas. Se ha asocia- do al secretismo y a los ritos de iniciación de origen medieval donde hacían que se adentraran los can- didatos para obtener la fuerza vital e indestructible, así como aprender a superar los obstáculos y las lecciones que da el bosque. La dualidad simbólica en forma de sabiduría y enigma, alegría y terror, protección e inseguridad, terrenal y celestial, material y espiritual, vida y muerte, muerte y renacimiento, hacen del bosque la elección acertada como tema artístico. Todo su potencial simbólico se ha utilizado en todas las épocas y estilos tanto como elemento esencial como secundario de las diferentes composiciones. La fascinación que provoca el bosque le confiere magia suficiente para utilizarlo tanto en obras de diversión como en las de tragedia, en las de his- torias reales o las ficticias, en las materiales o las espirituales, en las vulgares o las nobles, en las de secretos, leyendas, peligros, en las de la revo- lución o en las costumbristas, en el arte figurativo o desfigurado, utilizando la abstracción que nos ofrece. Todo observador de una obra de arte que contenga el bosque como elemen- to integrador o integrante, tendrá la oportunidad de mover los engranajes cognitivos y subconscientes por la enorme cantidad de emociones que puede despertar el bosque como ele- mento simbólico universal. El árbol representa la perpetua generación y evo- lución, marcando, con su verticalidad, un eje que une el cielo y la tierra, la vida y la muerte Actualmente, la UNESCO dispone de listas de bosques reconocidos como sagrados por sus va- lores espirituales y ecológicos. A pesar de que se siguen celebrando rituales y ceremonias a nivel local, el culto a los árboles no existe de igual for- ma en el mundo moderno. Hoy vemos los bosques desde un punto de vista pragmático para su utiliza- ción en pro de la supervivencia del planeta. La visión sentimental de la vida que nos proporcio- naba el bosque se ha trasformado en un intento de dominio humano para evitar la debacle climáti- ca que se nos avecina. Ahora que deberíamos ser más sensibles al árbol como tal y como símbolo de vida, sólo lo intentamos utilizar como mero produc- to material. Esperemos que con ello sea suficiente para conseguir objetivos, aunque desde la paleta artística podemos aportar argumentos para tratar al árbol y al bosque como ambos se merecen e intentar recuperar el simbolismo que acaparan. Ya se están llevando a cabo importantes empre- sas para rescatarlos e impedir que dejen de formar parte de nuestra consideración espiritual. Decía John Muir, sin duda alguna uno de los más importantes e influyentes ambientalistas y defen- sores de la naturaleza de todos los tiempos, que “si a la gente en general se la pudiera llevar a los bosques, incluso una sola vez, a escuchar a los árboles hablar por sí mismos, desaparecerían to- das las dificultades en cuanto a la preservación fo- restal”. J.R.R. Tolkien transfiere en sus libros una dimensión mágica y benéfica a los árboles del bos- que al tiempo de convertirlos en protagonistas de los mayores misterios y enigmas, recuperando el simbolismo antiguo. A.S.F. “Arbolado” Santial (2007) Óleo sobre lienzo.© Santial

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