LLEI D'ART 4
14 cazadores de trofeos El poder del “Prize system” Uno de esos ratos perdidos y encontrados con los que la vida, de improviso, te obsequia de vez en cuando, me condujo a disfrutar de un agradable paseo por la Via San Gallo florentina, una soleada mañana de diciem- bre. Por supuesto, no pude evitar la tentación de acabar degustando un aromático café Illy , prensa en mano, uno de esos caprichos que un escritor jamás debería dejar de permitirse. Allí me entretuve, hojeando “ Il Giornale dell’Arte ”, un periódico turinés de periodicidad mensual, cuya riqueza en contenidos, unida a la tradicional forma en la que vie- ne impreso, justifican esa pequeña inversión cada vez que tengo la más mínima oportunidad de pasar por un quiosco italiano. Aunque el tiempo era mínimo y la información inmen- sa, una separata llamó mi atención. Presentaba, con todo lujo de detalles, un amplio artículo sobre la segun- da edición de los Premio Terna que otorga la compañía eléctrica nacional italiana con el apoyo del Ministerio de Cultura. Sobre el tema, el español Vicente Todolì, direc- tor de la Tate Modern londinense, artífice del prestigio- so “Turner Prize” y miembro del jurado para la edición 2009 del premio Terna, hablaba en una entrevista para “Il Giornale dell’Arte” sobre la auténtica importancia de los premios artísticos. “En pleno «Prize System», un reconocimiento tan prestigioso puede influir de manera determinante en la carrera de un emergente o reforzar considerablemente la de un autor confirmado” Desde luego, resulta obvio que muchos artistas son de este mismo parecer, habida cuenta de que, sólo alcan- zada una segunda edición, ya se han presentado 3.527 obras al concurso. El objetivo de los premios es reforzar la visibilidad y la fuerza del mercado, así como su credibilidad, estable- ciendo una mayor complicidad con el público, y abrien- do un amplio horizonte de posibilidades para cualquier artista con creatividad y talento. “El concurso en sí sólo es una parte del premio, que provoca un poderoso flujo de ideas en torno a un determinado proyecto.” Las obras candidatas a premio han sido creadas es- pecíficamente para tal fin, por lo que se ha producido un enriquecimiento cultural que, de no haber existido el estímulo, no se hubiera dado. Es, de alguna manera, un importante motor para el mecanismo artístico que, por otra parte, respalda y refuerza la profesionalidad, no sólo del creador, sino también de todos cuantos per- sonajes intervienen en este gran escenario del merca- do del arte y sin cuya dedicación, la situación sería tan insostenible como vanas las esperanzas de conseguir una mayor difusión y comunicación expresivas. Esa, creo yo, desde mi particular punto de vista, debe ser siempre la filosofía reinante, aunque con frecuencia nos encontremos con desalentadores fallos por parte de decadentes instituciones, que insisten, edición tras edición, en galardonar a quienes ya deberían haber op- tado por no presentarse y dejar espacio a la cantera. Llueve sobre mojado. ¡Maldita vanidad! Estimular, prestigiar y legitimar. Se supone que ese es lema. Sin embargo, las instituciones parecen querer asegurarse el tiro. Un ilógico temor a aparecer ante la opinión pública como los auténticos rezagados de la actualidad del arte (cuyas variadas líneas de actuación son, con frecuencia, bastante diferentes a las que pode- mos contemplar en esos desolados espacios públicos de arte donde, excepción hecha del manifiesto derroche de espacio, poco más queda por ver) les impulsa a ga- lardonar, una y otra vez, las mismas propuestas inmovi- listas, en una absurda repetición de lo consabido. Fundación de las Artes y los Artistas. Foto de archivo del 4º concurso de Pintura y Escultura Figurativas.
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