LLEI D'ART 4

17 a los más reacios a detener el reloj, aunque sólo sea por unos segundos. Breve historia de la pantomima. La mímica es una forma de representación dramática realmente antigua, que busca la expresión mediante el uso de gestos y movimientos corporales. Durante el si- glo XVI experimentó un gran auge gracias a la creación de lo que se ha conocido como Commedia dell’Arte , una forma totalmente improvisada y espontánea de dramatización que enraizó poderosamente en el pue- blo, gracias a su talante satírico e irónico. En el teatro clásico, sin embargo, todo el protagonismo recaía sobre el texto y la palabra, quedando el movi- miento reducido a su mínima expresión. En aquellas representaciones teatrales, destinadas a los sectores más cultos de la sociedad, toda la gloria recaía en el autor, mientras que al actor se convertía en mero instru- mento a través del cual se expresaba el contenido del texto. El mimo era tratado despectivamente, aludiendo a los actores callejeros como farsantes cómicos de há- bil gesticulación, cuyas burdas representaciones calle- jeras pecaban de ligereza y obscenidad. El pueblo, sin embargo, disfrutaba de la gratuidad y sencillez de una alternativa de fácil lectura que, a modo Casadevall ©. Casadevall ©. de comedia improvisada, subrayaba, mediante gesticu- laciones y movimientos corporales, la relevancia de la palabra. En Londres, la aparición en escena del personaje del Arlequín, en quien recaía todo el protagonismo de una obra determinada, era precedida por una pantomima que buscaba contextualizar al personaje y ubicar al es- pectador en tiempo y espacio. Con el tiempo, la pantomima consiguió acaparar incluso mayor protagonismo que la escena a la que precedía, gracias al enriquecimiento en técnicas, trucos y ma- quinaria escénica. El espectáculo fue progresivamente incorporando narraciones, danzas y melodías, hasta llegar al nivel de perfeccionamiento moderno, donde todo el valor expresivo se apoyaba en el gesto y el mo- vimiento. Mimos y poetas entraban en estrecha compli- cidad, reforzándose el uno con el otro. Dada la innegable naturaleza corporal del mimo y el he- cho de que, incluso en la actualidad, se siga aceptando la supremacía del intelecto sobre el culto a lo exclusiva- mente corporal, resulta sencillo entender la razón por la que una expresión artística basada esencialmente en acciones corporales fuera marginada y tratada de arte menor. Pero nuevamente, y como la historia siempre nos ha venido mostrando, no existe represión que agote las di-

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