LLEI D'ART 4
31 Restos de las edificaciones góticas y de los trujales. Foto Jose Ignacio Rodriguez. El hecho de que ahora haya sido recuperada volumé- tricamente, permite subir con seguridad hasta arriba del todo, si bien hay restos de algunos muros un poco más antiguos, y que corresponderían a los orígenes del cas- tillo. Su torre cilíndrica, con la puerta estratégicamente situa- da en una primer piso, parece datar del siglo XI, ubicada en plena frontera entre moros y cristianos, y construida por éstos para asegurar su imparable avance hacia el sur. Una vez el peligro árabe se fue alejando, el castillo de Guimerà fue perdiendo poco a poco su función de- fensiva para convertirse en una confortable residencia para el disfrute de sus señores, los cuales siempre la mantendrían además como un manifiesto referente de su poderío. De la época gótica quedan los muros de las habitaciones de la planta baja, con indicios de sus ar- cos diafragma. Ya en época moderna, cuando los pro- pietarios del castillo ya no vivían en él, se convertiría en un almacén de productos agropecuarios de las tierras inmediatas. A este momento pertenecen los grandes trujales cilíndricos que se pueden claramente identifi- car, y que recuerdan la importancia que tuvo el vino en la economía y en la vida de ese momento. El castillo está en la cima de la elevación que caracteri- za Guimerà y muestra la jerarquía simbólica del poder: en la parte superior estaba la fortaleza, el punto más fácil para la defensa, pero también el más observable e identificable con el poder de los señores; en un nivel alto pero algo más bajo, se hallaba el templo, y a partir de aquí, las viviendas del pueblo, que ocupan toda la vertiente meridional, siguiendo un equilibrado y carac- terístico escalonamiento. La antigua población estaba protegida por murallas que partían desde el castillo. Por el lado norte éste era el único elemento defensivo y ahí es precisamente en donde está el tramo de muralla mejor conservado de Guimerà, destacado por tener una torre cuadrada que protege la puerta de entrada al recinto que da a la igle- sia y a las calles inmediatas. Del resto de la muralla se conservan dos portales, que dan al este y al oeste, ya que el del lado sur ha desaparecido, por ser el de la par- te baja que, sin duda alguna, ha sido la más modificada de todo el pueblo. Hay que añadir que cuando se traspasa la puerta norte, se disfruta de uno de los espacios más atractivos de la población, con la placita de delante de la iglesia y la rampa que lleva al castillo, protegida por un robusto baluarte que corresponde a unos de los primeros cons- truidos en Cataluña. Recomendación Todos aquellos que ya conocen Guimerà serán los principales divulgadores de su belleza e interés, pero para los que todavía no se hayan paseado por sus atractivas callejas, espero que estas líneas sean una tentación para acercarse a la hermosa localidad urge- llenca y contemplar los restos del viejo castillo desde arriba de su torre. ¡Una experiencia que no olvidarán! Joan-Ramon González Pérez Jefe del Servicio de Arqueología Fundación Pública Instituto de Estudios Ilerdenses La torre, después de la restauración. Foto Jose Ignacio Rodriguez.
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