LLEI D'ART 4
65 chas lo contemplan. Su última colección, tan coherente como honesta, surge de lo más hondo de su sentir, y arropa un adusto misticismo, tímido, receloso, pero deseoso por ver la luz. Su obra no deja indiferente. No puede. Arrastra un componente intuitivo que busca la complicidad para cerrar el círculo. Tras el metal, supuestamente inclemente, yace un alma frágil y voluptuosa, adicta al calor del fuego, esclava de sus caprichos. Convertido frecuentemente en su propia anécdota, el terco hierro se retuerce al antojo del artista, cediendo ante su tenacidad, dejándose hacer en la fra- gua, doblegándose para satisfacer la fantasía creadora de quien, tras someterlo, pone alas a su destino, y cora- zón a su frío cuerpo. L. Noriega
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