LLEI D'ART 4
66 LLEI D’ART Salvador Dalí El gran profeta del siglo XXI La estación de Perpignan, «Centro del Universo» daliniano Un encuentro fortuito con los directivos de la sociedad nacional de ferrocarriles franceses (SNCF) en la Em- bajada de Francia en Luxemburgo en 1970, me puso sobre la pista del misterio de la estación de Perpignan. Este símbolo ferroviario representa un referente esen- cial en la carrera del artista ampurdanés. Retirado en el castillo de Púbol, Dalí había dictado, en octubre de 1983, a su último confidente, Antonio Pitxot, un texto absolutamente revelador donde confesaba que la esta- ción de Perpignan había sido el principal descubrimien- to de su método paranoico-crítico. Esta sorprendente afirmación es muy significativa. Se sabe que la célebre estación ferroviaria del Rousillon se había convertido, allá por los años sesenta, en el “Centro del Universo” de la cosmogonía daliniana. Es preciso añadir también que todas las obras pictóricas creadas en el taller solar de Cadaqués-Port Lligat ha- bían pasado por la estación de Perpignan. Para el pin- tor, se trataba de atravesar los Pirineos para escapar al rígido control de la administración franquista y poder enviar sus lienzos a su prestigiosa clientela estadouni- dense, con la ayuda logística de los servicios franceses de la SNCF. La famosa estación de la Cataluña Norte, fue para Sal- vador Dalí la puerta de acceso al nuevo mundo, y la lla- ve del éxito. La estación ferroviaria se afianzaba de este modo como su gran catedral de la inspiración. Desde 1963, el pintor catalán siempre acababa todos sus dis- cursos con un vigoroso llamamiento: “ ¡Y no olvidéis que la estación de Perpignan es el Centro del Universo! ” Esta persistencia me intrigaba e instaba a investigar en Salvador Dalí es, sin ningún género de dudas, uno de los pintores más enigmáticos de la historia del arte. Su extravagante personali- dad, su inmensa trayectoria, y su delirante surrealismo fantástico, han intrigado siempre al mundo del arte. Durante décadas, científicos, críticos y psicólogos se han quedado absolutamente enganchados a las extrañas creaciones del genial artista catalán, intentando comprender el profundo sentido de su pintura. profundidad. En 1984, me trasladé al Roussillon para consagrarme a un estudio sistemático de las estructu- ras de la célebre estación. Enseguida me di cuenta de que la estación no era sólo un simple edificio ferrovia- rio, sino un auténtico monumento esotérico donde las oscuras visiones de Dalí adquirían unas dimensiones históricas inesperadas. El raíl que partía de la estación hacia España, siguiendo la dirección Narbonne-Toulouse-Paris y hacia el altipla- no de la Cerdanya, revela múltiples detalles históricos y referencias geográficas concluyentes. Sólo había que leer y desencriptar los signos. El monumental cuadro creado en 1965 por Dalí, al que bautizó con el elocuente título de “ La mística de la estación de Perpignan ” aporta una dimensión complementaria al mensaje adivinatorio inscrito en las estructuras de esta plataforma ferroviaria. Había descubierto el genio profético de Salvador Dalí en 1984, en la estación de Perpignan. La sorprendente capacidad de predicción de este pintor, extraordinaria- mente lúcido, puso en evidencia dos visiones muy su- periores: en primer lugar, el fatalismo de la República Francesa, marcada por un futuro “catastrofiforme”, y en segundo lugar, la renovación de los valores funda- mentales de la civilización occidental, gracias al adve- nimiento de una nueva generación angélica de mujeres emancipadas. Las riquezas de la cultura catalana Tras la aparición de mi primer libro, titulado « El misterio de la estación de Perpignan », en 1985, decidí irme a vivir al sur de los Pirineos, con el fin de poder seguir adelante con mis investigaciones sobre las raíces más profundas del genio de Dalí. Desde 1986 a 1998, residí en el Ampurdán, primero en la Escala, y más tarde en
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