LLEI D'ART 4
70 temas Las pasiones de Eros Siempre presente en la expresión plástica Dios del amor, precursor del todo. Dios primordial, res- ponsable de la atracción sexual, el amor y el sexo, tam- bién venerado como una deidad de la fertilidad. Des- de sus muchos mitos cabe destacar la creencia de ser coetáneo de Zeus, ya que sin el deseo amoroso, sin la pasión de la atracción y sin el impulso creativo de la na- turaleza, el resto de personajes y de la historia no exis- tiría. Hesiodo, poeta griego del s. VIII a.C. muestra en la Teogonía –obra que explica el origen del universo y la genealogía de los dioses- cómo Eros surgió del Caos inicial junto a Gea, la tierra, y Tártaro, el inframundo. También Aristófanes, dramaturgo del s. IV a.C. en su obra Las aves , dice que surgió de un huevo concebido por Érebos, la oscuridad, y puesto por Nix, la noche. Otros lo consideran hijo de Afrodita y Ares o Hermes. Platón, en su obra El Banquete se explaya con una his- toria algo más poética y, por supuesto, de contenido fi- losófico. El maestro pone en escena a Eros siendo hijo de Poros, el recurso, la oportunidad, la conveniencia, la utilidad, y de Penia, la pobreza, uniéndose por error en una fiesta organizada por Afrodita. El Eros platónico es magno, fi- losófico, artístico y mágico, generador de energía, con- tradictorio, hiriente, compasivo y enigmático, justiciero, apasionado, bello, satírico, fabuloso y divino, humilde, tierno, oculto, deslumbrante y oscuro a la vez, es como el mismo amor. Es el Eros que tenemos y mantene- mos como motor de la humanidad. Es el que nos da la energía necesaria para seguir seduciendo, para seguir gustando. Necesitamos el feedback de Eros para seguir luchando, y este sentir debe reflejarse en el arte. En la manifestación artística, el Eros, como dios no ha sido muy prodigado, pero como símbolo del erotismo se ha representado en casi todas las obras. En épocas an- teriores a nuestra civilización greco-romana, y anterior a la mitología de Eros, ya se representaron figuras que hacían alusión a las dotes sexuales y reproductoras del ser humano. Recordamos las Venus y las porcelanas fálicas mayas como ejemplo. En el antiguo Egipto se celebraban fiestas populares donde se mostraban ma- nifestaciones de la virilidad y/o fecundidad. Es en el universo mitológico griego, y después romano, donde adquiere personalidad física, sensorial y filosófi- ca, lo qual le ayuda a ser entendido por el pensamiento humano. Eros es la fuerza que consigue perpetuar la especie, independientemente del individuo. Es el instin- to obcecado que vence prohibiciones culturales férreas y sale victorioso con su empresa. Es fuente de energía generada metafísicamente, que no perece si no es con la muerte. Lascivia y lujuria son defectos según la apli- cación de la ética y moral de la mayoría de las culturas religiosas, en cambio son virtudes para Eros. Desde lo que representa el dios del Amor no hay más reglas que las que él impone, como la prohibición a Psique de pre- tender verle, y castiga la desobediencia. La explosión de los deseos carnales es la magia y el secreto de Eros. Con sus flechas doradas, inyecta el néctar de la pasión sexual de la que casi nadie escapa. Es en el Renacimiento cuando se recuperan a los clá- sicos y, con ellos, la mitología y su simbología. La in- fluencia de Platón en el arte renacentista con el cambio La metamorfosis de Hermafrodito y Salmacis (1520). El Mabuse. Museo Boymans Van Beuningen (Róterdam. Paises Bajos) (1ª parte)
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