LLEI D'ART 4
71 teocentrista a antropocentrista, resulta manifiesto cuan- do el artista sucumbe a la tentación de personificar a los dioses del olimpo como elementos discordantes ante el yugo aplastante de la teocracia medieval. El símbolo de Eros está presente hasta en los retratos de los más acaudalados, encargados a los maestros del momento. En el cuattrocento (siglo XV), fueron muchos los que re- presentaron la figura humana ya cargada de erotismo. Entre ellos destacó Sandro Botticelli con sus delicadas madonas y abundantes motivos mitológicos, incorpo- rando a Eros en todos sus lienzos. Es especialmente ejemplar su obra El Nacimiento de Venus , conservada en la Galleria degli Uffizi, en Florencia. El fervor por lo clásico se observa en todas las artes. La arquitectura recupera el arco de medio punto y los capiteles, la bó- veda de cañón y de arista; en la escultura, la desnudez masculina y femenina y, en la pintura, la incorporación del simbolismo mitológico griego y romano con Eros o Cupido, rebozando el ambiente de pasión y deseo. En el cinquecento o clasicismo, también llamado Re- nacimiento pleno (1500-1530), aparecen las grandes figuras del arte: Leonardo da Vinci (1452-1519), uno de los grandes genios de todos los tiempos, Miguel Ángel Buonarroti (1475-1564) y Rafael Sanzio (1483-1520). Todos ellos fueron contagiados por Eros, inmersos en el descubrimiento de la belleza y la razón a través del es- tudio del hombre como individuo, como personaje pen- sante, como ser suficiente y capaz de regir sus propios destinos, como centro del universo y lleno de una ener- gía sexual, al que buscan por todos los medios reflejar en sus obras. Leonardo es muy explicito, eróticamente hablando, en Leda y el cisne , obra de contenido manifiestamente mi- tológico con el ave (Zeus convertido en cisne) ya sa- tisfecha tras la consecución del objetivo (copular con Leda), en sus numerosos estudios sobre el coito o inclu- so en la misma Gioconda . Eros se presenta como con- dición humana, dando valor al renacimiento. La carga erótica de la capilla sextina de Miguel Ángel o su magno David son buenas muestras de ello. Rafael, con su dul- zura característica, pero con alegorías sexuales llenas de deseos en Las tres gracias o en El Triunfo de Gala- tea o La Ninfa Galatea . Eros o Cupidos infantes con los arcos lanzando flechas de deseo carnal salpican sus creaciones. En La Fornarina , muestra el desnudo torso femenino y juega con insinuantes transparencias. Ya en el periodo posterior (1530-1600), surgió la co- rriente llamada Manierismo (hacer a la manera de) con Tiziano, de la Escuela de Venecia, como máximo repre- sentante, y una vez más, impregnado de Eros en todas sus obras, entre las que cabe destacar: La bacanal, Flo- ra, Venus de Urbino, Danae recibiendo la lluvia de oro o Amor sacro y amor profano , todas ellas inmersas en el universo platónico y teniendo al divino deseo carnal como protagonista. Alberto Durero (en alemán Albrecht Dürer) (1471-1528) es el artista más famoso del Renacimiento alemán. En sus obras, Eros, aunque presente, es menos manifiesto que en el italiano. A destacar, los grabados del génesis con Adán y Eva o El baño de señoritas , con toques de censura en genitales. El Renacimiento flamenco fue algo más prolífico y atre- vido que el alemán. El artista que más utilizó la mitolo- gía grecorromana fue el llamado Mabuse o El Mabuse El triunfo de Galatea (1512). Fresco de Rafael Sanzio. Villa Farnesina. (Roma, Italia) Dánae recibiendo la lluvia de oro (1553). Tiziano. Museo del Prado (Madrid, España).
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