LLEI D'ART 4
73 Es como soltar una regañina en voz baja y calmada. La familia de los Carracci son los más conocidos, y se ma- nifestaron con el tema que nos ocupa mediante la crea- ción de obras de gran belleza artística, como Cupido junto a Venus descubierta por Adonis de Annibale Ca- rracci (1560-1609), ubicada en el madrileño Museo del Prado, o Baco y Ariadna ; la erótica versión de Susana y los viejos de Ludovico Carracci (1555-1619); o la gran colección de grabados de todas las posturas sexuales, con el detalle de la penetración vaginal como elemento común de Agostino Carracci (1557-1602). En Francia estaban ocupados con las grandes refor- mas urbanísticas de la monarquía reinante (los Luises), y preparando el terreno para la posterior Revolución. Pero Eros nunca ha abandonado el arte, y los segui- dores clasicistas como Nicolas Poussin (1594-1665), en su versión de La bacanal o Midas ante Baco o bien Pierre Mignard (1612-1695), en su obra Andrómeda y Perseo , así lo documentan. En Inglaterra, reinando los Estuardo, y después de un siglo de contradicciones religiosas y penurias en una población empobrecida, con una guerra civil de esté- riles resultados, y en guerra contra España y Francia, el espacio para Eros quedaba limitado a las alcobas y burdeles. El escaso interés iconográfico por parte de la iglesia anglicana contribuyó negativamente. A pesar de todo, aún hace alguna que otra aparición, como aquella de la mano de William Hogarth (1697–1764) en La vida de un libertino, entre otras. En Flandes y Holanda se vivió el Eros con más intensi- dad al recibir las herencias directas de España (hasta 1585 fueron provincias españolas) e Italia, por la in- fluencia de los clasicistas y manieristas de la escuela de Venecia. Sede del luteranismo, acogedor del calvinismo y la libertad comercial, los Países Bajos se convirtieron en cunas idóneas para el arte independiente y la explo- sión de Eros. La pintura flamenca, estuvo capitaneada desde la Es- cuela de Amberes, donde Peter Paul Rubens (1577- 1640), con sus discípulos Anton van Dyck (1599-1641) y Jacob Jordaens (1593-1678) mostraron a Eros en mu- chas obras. Destacamos Las Tres gracias, El rapto de las hijas de Leucipo, Leda y el cisne -versión muy atrevida en posi- ción de cópula-, El rapto de Europa o El juicio de Paris , de Rubens, Eros y Psique o Venus y Adonis , de Van Dick o Mercurio y Argo , de Jordanes. La holandesa vivió una época barroca menos intensa, de menor pasión. No olvidemos que el calvinismo vetaba la iconografía religiosa en las iglesias, aunque lo permitía en los domi- cilios particulares. Johannes Vermeer van Delft (1632- 1675) fue el primero de ellos, y en varias obras se re- fleja el deseo sexual que, aunque menos manifiesto, es presente y excitante, como podemos comprobar en La alcahueta o Dama bebiendo con dos caballeros ; Rem- brandt Harmenszoon van Rijn (1606-1669) en Danae o Betsabé en el baño , obras ambas de gran maestría y erotismo. En España, en cambio, se vivía un momento excitante, lleno de nuevas perspectivas, con cortes poderosas por la gran cantidad de territorio conquistado, en contraste con las crisis económicas reinantes. El arte y, con él, Eros, recuperaron toda su efervescen- cia. Se le llamó el siglo de oro como muestra de la gran legión de importantes artistas nacionales de todas las artes, así como por la incorporación de artistas de otros lugares, que iban engrosando más y más las filas de ese histórico momento. Los monarcas y la curia aposta- ron por el arte, encargando obras e invitando a los más destacados artistas de la época a instalarse en España, llegándose a crear las escuelas de Madrid, Valencia y Sevilla. Los temas fueron mayormente religiosos, pero los artistas no dudaron en evocar a Eros, por lo que se conservan buenas obras con manifiestos deseos carna- les y mucho mayor dinamismo que sus predecesoras. La influencia de Caravaggio, Rubens y Tiziano fue bási- ca para el elenco de artistas barrocos españoles entre los que hay que destacar a Diego Rodríguez de Silva y Velázquez (1599-1660) con la famosa Venus del espe- jo , a José de Ribera (1591-1652) en Sileno borracho , a Francisco de Zurbarán (1598-1664) en Hércules dan- do muerte al rey Gerión , a Doménikos Theotokópoulos (1541-1614), conocido como El Greco, con sus obras escultóricas en madera tallada policromada represen- tando desnudos a Epimeteo y Pandora, o las obras pic- tóricas como en las versiones del Apocalipsis, a Bar- tolomé Esteban Murillo (1617-1682) que el único sexo que pintó fue el de los ángeles, o, finalmente, a Alonso Cano de Almansa (1601-1667) en su genial obra Des- censo al limbo. Antoni Seres El carro de heno (1500-1502). El Bosco. Museo del Prado (Madrid, España).
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