LLEI D'ART 4

78 reflexiones El burro flautista “A menudo, lo que nos niega el arte, nos lo da gratuitamente el azar” Esopo (fabulista) Aunque bien parezca una obviedad el hecho de que un resopli- do nunca alcanzará a una melodía, para vergüenza de algunos y atrevimiento de muchos, esa curiosa especie de homínido me- rodeador de eventos con quien en más ocasiones de las desea- das hemos coincidido, y que suele identificarse con suma facili- dad, ya que anda casi siempre olfateando en busca de algo a lo que poder echarle el diente (y no me refiero al vernissage ), es mucho más frecuente en nuestra fauna de lo que imaginamos. El artista autoproclamado, quiero decir, esa suerte de personaji- llo en busca de su espacio, consciente o no de su ignorancia, y usualmente tan incómodo e incompetente como inoportuno en sus comentarios - frecuentemente despectivos para con otros artistas, curiosamen- te dotados de más talento-, suele confundir el ser con el parecer, y se ha dejado hechizar más por el canto de las sirenas del aplauso que por la propia magnitud del arte en sí mismo, por lo que deambula por los circuitos, en busca del recono- cimiento de algún espabilado, posiblemente tan mediocre como él, que ha descubierto que ali- mentar su hambrienta vanidad puede convertirse en su mejor oportunidad. Y me pregunto una vez más, al contemplarlos mientras luchan por tomar la palabra en cualquier tipo de debate, sin decoro alguno por su escasa instrucción, dejando traslucir una vez más estar tan llenos de opinión como carentes de todo co- nocimiento, ¿realmente es factible para el ser humano llegar a desarrollar un talento, partiendo de tan exiguo haber? Porque si algo tengo claro es que no basta con querer, hace falta ser, y tam- bién poner todos los medios al alcance para con- seguir enfilar la trayectoria de las aspiraciones. A lo largo de mi vida, he tenido la suerte de co- nocer a grandes artistas, eso sí, la mayoría irre- levantes aún para esa “pseudoélite actual del arte” que suele acaparar los medios y los pre- supuestos de muchas instituciones públicas. Aún así, ellos son grandes artistas, aunque en vida, su arte no les sirva para vivir con el acomodo que deberían. Para ellos, el único temor es no poder pintar más. Todo lo demás, no cuenta. Porque es verdad que en el arte actual, cuesta encontrar figuras lo suficientemente contunden- tes como para hacer callar rumores, pero se es- cuchan infinidad de resoplidos borriqueños. La tensión por conseguir el triunfo, limita la crea- tividad y provoca una gran mediocridad. Sólo el artista que se conduce siguiendo su instinto es realmente libre en su creación. La búsqueda ob- sesiva del éxito induce a la burda imitación de aquellos que en su día sí lograron impactar por su originalidad y su talento. Y cuando un día, por © Openlens - Fotolia.com

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