LLEI D'ART 4
84 fascinante. Es quizá porque creo que el arte es de los pocos lugares para crear excepciones. No me interesan las cosas domesticadas que sirven para cohesionar, sino las que producen sorpresa y te plantean preguntas para las cuales no tienes una respuesta prefabricada. ¿Qué tiene que hacer el arte para ser considerado arte? No tengo tanta arrogancia como para decir qué tiene que tener una obra. Eso es precisamente lo que me in- teresa. Que el arte es inútil, no progresa. Es una fuente que en sí misma, es una pregunta sin respuesta. Eso es lo que me interesa del arte, que estructuralmente y tam- bién mentalmente es discordante, es, por esencia, po- líticamente incorrecto. Trabaja exactamente en todo lo que la gente ha consensuado como el bien, pero hace lo contrario, lo ha hecho siempre. Ahí veo un depósito abandonado que está preñado de información sobre el hombre y que todavía no hemos sabido descodificar, y es muy interesante. Creo que puede aportar claves esenciales para el conocimiento de la humanidad, de la realidad desde el punto de vista humano. Me parece dramático perderlo, descuidarlo o despreciarlo. A Joaquín Sabina seguro que le preocupa lo mismo que a Federico Aparici: ganar lo máximo con lo que produ- ce. Uno cría canciones; el otro, naranjas; pero los dos reciben las migajas de lo que paga el consumidor. El resto se va aguando en la cadena de intermediarios. Lo que desde siempre sufre el agricultor con sus tomates y sus cebollas también lo padece el productor de bienes culturales. Naranjasola.com, Telechirimoya o Campo- deleche han modificado la cadena agrícola. El mundo de la cultura y el espectáculo comienza a despertar. Radiohead, publicó su séptimo álbum, In rainbows, el 10 de octubre de 2008. Sin discográfica que les atara, el famoso grupo británico colocó el disco en internet. Sus fans lo compran al precio que estiman oportuno. En una semana se han descargado tres millones de copias, un éxito popular y, probablemente, un fracaso económico. Shane Richmond, analista del diario británico The Tele- graph, escribió sobre el fenómeno: “Las discográficas hicieron enormes beneficios sobrecargando el precio que pagaba el consumidor, y malpagando a los artistas. Ahora las discográficas no añaden nada a la cadena de valor de la música grabada. De hecho, actúan como Adiós al intermediario. Javier Martín Publicado en El País, jueves 30 de octubre de 2008 Libros sin editorial, música sin discográfi- cas, pinturas sin galeristas. El autor busca ahora (y empieza a lograr) el acceso directo al público. una barrera entre los músicos y sus fans. Es la hora de salirse de ese sistema. Radiohead nos ha enseñado cómo.” Antes del último bis, los fans de 08001 tienen en la sali- da el disco calentito con la actuación. “El Merchandising directo es lo que nos deja más margen porque nos sal- tamos intermediarios”, explica Julián Urigoitia, líder de 08001. El grupo tiene su propia discográfica, Working Progress, en un intento de saltarse procesos. “Interme- diarios siempre hay. Nada más fabricar el disco ya pa- gas a las SGAE, da igual que luego lo regales; tú pagas a las SGAE” . 08001 no renuncia a ninguna forma de distribución: la tienda, las descargas desde su página o desde iTunes. El ideal yo me lo guiso, yo me lo como, lo practica Pere Meroño. “Fui a 10 editoriales y todas rechazaron mi li- bro. Entré en Lulu.com y me lo autoedité. En 80% del precio me lo llevo yo, el 20%, Lulu. Un trato justo”. Este funcionario rastreó la vida de Rosario Endrinal, la mendiga asesinada por los chicos bien en un cajero de Barcelona, y escribió una biografía de la víctima, el cri- men del cajero automático. Meroño ha valorado su libro de papel en 9.99 €; el libro de Bites, gratis. “Las com- pras apenas superan varias docenas” , reconoce, “pero yo lo cuento todo junto, ventas y descargas gratuitas, porque lo que quiero son lectores”. “Ciertamente hay miles de personas que se autoeditan en la Red, y muchos más que saldrán, pero luego es necesaria la promoción” , explica Blanca Rosa Roca, editora de Tigre Blanco , último premio Booker. “¿Quién traduce? ¿Quién apuesta por un nuevo autor? No creo que vayamos a desaparecer”. El experimento de Meroño –saltarse intermediarios- lo puso en marcha Stephen King en el año 2000. Con el cambio del milenio, el escritor aterrorizó a la industria editorial, vendiendo en Internet su novela The Plant, a 1€ por capítulo, con carácter voluntario. Si pagaba el 75% de los lectores, escribiría el siguiente, y así hasta el final. King no llegó al segundo capítulo. Según The New York Times hubo 120.000 descargas del primer ca- pítulo, y un 46% de pagos. El fracaso de King o el voluntarismo de Meroño no ocul- tan dos hechos trascendentales en la nueva cadena de valor del libro. La mayor editora del mundo no se llama Mondadori, sino Lulu.com (en lo que va de año ha edi- tado 281.416 libros, 9.325 en España); la mayor librería del mundo no es Fnac, sino Amazon.com (con 250.000 títulos); y la mayor distribuidora del mundo también será alguna de internet. “Ahí sí que tendremos que ha- cer algo conjunto las editoriales españolas”, dice Roca. “Un Amazon para la lengua española, alguien que te mande el libro a casa o donde te lo descargues en tu pantalla electrónica” .
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