LLEI D'ART 4

-LA AMBIGÜEDAD DEL LIENZO- LOS RETRATOS INVERTIDOS Giuseppe Arcimboldo era un pintor especial- mente conocido por su personalísimas repre- sentaciones manieristas de rostros humanos a partir de flores, frutas, plantas, animales u objetos, colocados de tal modo sobre el lienzo que todo el conjunto se mimetizaba con el su- jeto retratado. Una de sus más originales apor- taciones, quizás sean sus famosos retratos in- vertidos, inocentes bodegones, recreados con gran realismo y que, girados 180º, adoptaban aspecto humano, si bien, de talante extraño e inquietante. “El jardinero” es uno de los más ilustrativos ejemplos. 93 de museos el arte del engaño arte y ciencia, realidad y simulación Palazzo Strozzi – Florencia (ITALIA) De intrigante y espectacular puede calificarse la esplén- dida muestra de obras de arte que, siguiendo la historia del trampantojo (trompe l’œil) a lo largo de los años, desde la antigüedad a la época contemporánea, ha re- copilado y presentado el florentino Palazzo Strozzi. Más de ciento cincuenta obras, entre pintura, escultura y artes aplicadas, procedentes de museos y coleccio- nes privadas, han recreado en esta exposición el eterno desafío entre realidad e ilusión. “ Aunque ilusión y trampantojo van unidos ”, según M. L. d’Otrange Mastai (1) , “ no son equivalentes, ya que mientras que el ilusionismo reclama la ayuda de la imaginación, hasta el punto de constituir una “poética ilusión de la forma visible”, el objetivo del trampantojo es engañar al propio ojo, mediante un duplicado de la realidad, que es la obra de arte. La ilusión produce en el espectador la sensación de que se encuentra en otro sitio, en un espacio imaginario, que le invita a soñar. El trampatojo viene a ser un fragmento, un trozo fingido. El contemplador no modifica su situación en el ambiente; meramente es engañado, por un objeto que él cree real y no es sino pintura. Algo así como un desafío de la pintura para que se admire su capacidad para engañar al sujeto ” (2). Como bien nos plantea James M. Bradburne, prestigio- so arquitecto, y director general de la Fundación Pa- lazzo Strozzi, aunque las opiniones difieren en lo que respecta al reconocimiento de un auténtico trampantojo frente a una fiel reproducción de tildes absolutamente realistas, lo que realmente marca la diferencia es la pro- pia intención del artista, que desea que su obra “enga- ñe” al observador. Por supuesto, y aunque el factor ilusión o ambigüedad es importante a la hora de determinar si una obra es o no un trampantojo, ingredientes tales como la ironía o el sarcasmo, parecen ser importantes indicios relativos a la intención del artista de engañar al observador. Las imágenes recreadas muestran una doble perspec- tiva, sugiriendo una profundidad que, en realidad, sólo es ficticia. El trampantojo seduce al observador en su propia forma de expresión, en su espíritu burlesco y tra- vieso, invitándole a formar parte de su juego, buscando su complicidad para de ese modo alcanzar todo su po- der revelador. Giuseppe Arcimboldo (1527-1593). “El jardinero” (1590). Óleo sobre tabla. Museo cívico de Cremona (Italia).

RkJQdWJsaXNoZXIy NzgyNzA=