LLEI D'ART 5
Solimena o, ya en España, el vallisoletano Antonio de Pereda, el poco conocido y magistral Andrés Deleito o el sevillano Juan de Valdés Leal, especialmente conoci- do por sus pinturas de jeroglífico en torno al tema de la decadencia humana en sus postrimerías. Durante todo el siglo XVII, estos bodegones de claro propósito aleccionador se convirtieron en objeto de cul- to entre los más devotos. Sin embargo, durante los si- glos XIV y XV, la elevada mortalidad a consecuencia de las enfermedades (como la Peste Negra) o las guerras, la preocupación por la muerte tuvo una gran repercu- sión en el arte, que siempre ha desempeñado un papel relevante en escenarios de miseria y desesperación. Aunque con el Renacimiento la representación de esta angustia por el desenlace final pareció desvanecerse del panorama del arte durante muchos años, el género recuperó todo su esplendor y apogeo durante el movi- miento Barroco, muy especialmente de la mano del sim- par Caravaggio, excelso representante del tenebrismo. Este tipo de licencia pictórica, considerada durante los siglos XVIII y XIX como excesiva, comenzó a reaparecer tímidamente en los lienzos de algunos románticos como Gericault o, más adelante, en los trabajos del postim- presionista y precursor del cubismo, Paul Cézanne, con su conocido bodegón de cráneos apilados. Con poste- rioridad, grandes artistas de la talla de Pablo Picasso, Braque o Gerhard Richter, entre otros, han recreado las más diversas reinterpretaciones de la vanitas, eviden- ciando una vez más la constante turbación y desampa- ro que ronda la mente humana al ser privada de todo cuanto corpóreo y terrenal se le hubo concedido. LLEI D’ART 14 íntimo. Su esencia, didáctica, enfrentaba al espectador a una honda meditación, guiándole mediante profusión de elementos simbólicos a la introspección, valiéndo- se a veces de la representación de sueños. Entre tales objetos simbólicos, el cráneo humano, los relojes, las frutas o las flores marchitas simbolizando la senescen- cia, son elementos comunes que reflejan el imparable paso del tiempo y lo perecedera que es la belleza y la lozanía. Fue un género muy considerado, especialmen- te entre artistas holandeses, aunque existen extraordi- narias piezas de la paleta de pintores de otros muchos países, como la exquisita precisión naturalista del fran- cés Jacques Linard, la sofisticación manierista del fla- menco Philippe de Champaigne, el italiano Francesco “Vanitas”. Juriaen van Streeck (1670). Museo Puschkin (Moscú). “Still life with a skull”. Phillippe de Champaigne (1602-1674). Museo de Tessé. (Le Mans). “Seis cráneos en busca de autor”. Gustave-Mario Sepulcre (2008). Colección privada.
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