LLEI D'ART 5
17 el imprescindible discurso, no son más que esos an- tiestéticos garabatos esparcidos por la ciudad a los que el alcalde de Nueva York declaró en su día la guerra, porque lo esencial de una obra de arte es precisamente su contenido, y no su ubicación. a la especulación, ha experimentado, y precisamente de la mano de algunas de sus grandes vacas sagradas, un camino hacia su propia desnaturalización, al entrar en las rutas convencionales de comercialización y con- vertirse también en carne fresca a la que hincar el dien- te el siempre hambriento mercado de la especulación. Cuando Basquiat (fallecido por sobredosis a los vein- tiocho años), en 1977, cubrió Manhattan de pintadas, el grafiti ya hacía tiempo que había hipotecado toda su naturaleza anárquica e irrumpido en el mercado del arte. Su clandestina forma de intentar acceder a las pla- taformas establecidas del arte arguyendo razones de derecho propio, había provocado un proceso gradual de normalización que, simple y llanamente, ya había con- cluido. No era preciso seguir luchando. La batalla es- taba ganada. Paradójicamente, es el acceso al Olimpo del arte lo que destruye el discurso esencial del artista urbano. Tras ocupar su puesto dentro del escenario del arte con- temporáneo, el artista de la calle debe también asumir y aceptar sus reglas. Atrás ha quedado la marginalidad, la subcultura y el aplauso de las minorías desfavorecidas. Atrás debe quedar también la calle, cómplice en sus orí- genes, pero ya vetada al artista que ha alcanzado su gloria y es, por consiguiente, sometido a la supervisión –frecuentemente demoledora– del público y del crítico. Allí queda la calle para los que aún se escabullen de la policía, a la espera de una oportunidad, de un ojeador iluminado en busca de talento que les abra las puertas hacia la consagración, como en su día hizo Mary Boone al introducir a Basquiat en el circuito artístico neoyor- quino. Es pues el arte en la calle un medio en sí y no un fin, para la mayoría. Una vez más comprobamos que, sin Atribuido a Thierry Guetta.
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