LLEI D'ART 5
arte Robert Goldwater en 1938, con quien adoptó a sus tres hijos, Alain, Jean Louis y Michel, fallecido este últi- mo en 1990. Astuta e insumisa, hija de unos restauradores de tapi- ces, estudió matemáticas y geometría en la Sorbona, aunque pronto se desinteresó por su excesivo carácter teórico, según sus propias declaraciones. Es por ello por lo que decidió seguir estudios de Bellas Artes acce- diendo al conocimiento de talentosos de la talla de Paul Colin, Cassandre o el mismo Fernand Léger. Siguió una personalísima y vanguardista línea artística dentro de la contemporaneidad. Algunas de sus esculturas, como la popular Maman , son un claro reflejo de sus más dra- máticas fantasías oníricas, ilustrativas de su inquieta y revuelta mente creativa, aunque sólo consiguió el me- recido reconocimiento al final de su carrera, como ha venido sucediendo históricamente con muchos de los más grandes talentos en todas las disciplinas. Fue la primera mujer a la que el Museo de Arte Moder- no (MOMA) de Nueva York le dedicó una retrospectiva, en 1982, y gracias a su longevidad, ella al menos sí pudo disfrutar las mieles del éxito durante los últimos veinticinco años de su existencia. Fue precisamente el MOMA el primer museo que adquirió una obra suya ( Sleeping Figure ). Posteriormente fue la Fundació An- toni Tàpies de Barcelona (1990) y, entre 2007 y 2008, la Tate Modern de Londres, el Guggenheim de Nueva York y el Pompidou de París, quienes le dedicaron re- trospectivas de gran notoriedad. La eterna niña que se re- belaba contra el mundo porque no acertaba a en- tenderlo, una de las artis- tas más emblemáticas del siglo pasado, se mostraba afable y generosa con los más jóvenes, o incluso con los no tan jóvenes, que se acercaban en busca de su consejo, quizá en un inten- to de ofrecimiento de esa protección y orientación de la que ella muy probable- mente no dispuso. Existe en su obra un pode- roso simbolismo donde la infancia, el misterio, el trau- ma y el drama desempeñan papeles de gran importan- cia. Los temores de su in- fancia -trágicamente mar- cada con la aparición de episodios de celos, menti- ras, la consiguiente traición y la irremediable decepción que se apoderó de ella-, potenciados por una obse- siva necesidad de estar a la altura, configuraron gran parte del potencial simbóli- co de su creación artística, forjada entre exigencias. Algunas de sus esculturas más polémicas hablan des- < Louise Bourgeois en 1990 junto a su es- cultura realizada en mármol “Eye to Eye” (1970). Foto Raimon Ramis © Adagp, Paris 2008.
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