LLEI D'ART 5
sin ningún género de dudas, un hombre sereno y equilibrado, que da cobijo a sus propias ansias, para volcarlas después en sus telas, impregnadas de efí- mera lozanía en busca de perpetuación. Se confiesa especialmente apasionado por la figura femenina. Sus pinceles y, con ellos, sus luces y sus sombras, establecen una graciosa complicidad con sus mujeres, que se dejan sorprender, en su sole- dad, por la mirada rastreadora del artista, sumergi- das en su ensimismamiento, regalándole al pintor su serena belleza, en toda su generosidad de formas y fondos. En los hombres -nos comenta-, las diferen- cias entre lo real y lo inventado son más marcadas. La constancia de la existencia, la representación de los hechos históricos, la consagración de las accio- nes, implica una gran solemnidad y responsabilidad, pero carece de la frescura que la mujer desborda sólo con su presencia. De ahí esa debilidad que nun- ca ha negado tener hacia la figura femenina. Desde luego, hay algo en la persona de Félix que recorta distancias y aboga por el diálogo. Las ten- siones se suavizan a medida que el gran retratista desdibuja los contornos y explora todas esas peque- ñas sombras que, apenas visibles para la mayoría, parecen deshilacharse y confundirse, mitigando los contrastes y recreando una singular ensoñación, una magia de difícil explicación e innegable presen- cia, una trascendencia.
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