LLEI D'ART 5

www.mariosepulcre.fr Memento mori Gustave- Mario Sepulcre artistas contemporáneos 45 Con un estilo de inspiración infrarrealista, que merodea en torno a las postrimerías del género humano, la obra de Sepulcre, perfectamente encuadrada dentro de ese peculiar género que representan las vanidades, recrea una estética chocante, de impactantes claroscuros y gran maestría técnica. Tras seguir estudios de artes visuales en Canadá, co- mienza a realizar una serie de colecciones en torno a la figuración del imaginario y ciertamente, su obra provoca un esfuerzo conceptual mediante un discurso de obli- gada lectura, incorporando objetos propios de la vida cotidiana que no tienen otro fin que relativizar la exce- siva influencia que tiene lo material sobre lo espiritual y enfatizar la banalidad de los bienes terrenales frente al irremediable destino humano, al que concede especial trascendencia mediante abundante incorporación de elementos de gran simbolismo. Sus viajes y experiencias artísticas en Italia despiertan un vivo interés por el arte del renacimiento y su preo- cupación por la perfección formal, asociada a visiones simbólicas. Profesionalmente muy influenciado por el mundo del teatro y de la escenografía, su pintura se en- riquece contantemente dentro de contextos que favore- cen la creación, gracias a la incorporación de música y vocalizaciones. Su búsqueda de la verdad le conduce a interesarse por los misterios espirituales, con lo que la obra de Gustave-Mario Sepulcre queda un tanto fuera de su tiempo para entrar en un modo más intemporal. Apasionado del fresco, la ilustración y la escenografía, su mundo gira exclusivamente en torno a la creación artística. La representación de sus vanidades, bodego- nes y naturalezas muertas significa para él un vehículo sólido sobre el que poder viajar hacia planos menos visibles pero perceptibles en sus lienzos. Su extrema preocupación por la estética le ha llevado a formarse intensamente en la técnica pictórica de la mano de grandes maestros de la pintura de los siglos XV y XVI. Actualmente trabaja lienzos y arte mural. Dice disfrutar con las emociones que el encontrarse frente al muro le provocan. El arte mural, el fresco, exige al artista la ex- posición de algunas de las virtudes por desgracia más dejadas en el olvido, como la disciplina, la perseveran- cia, la humildad y, muy especialmente, el amor. Es una técnica que encarna el gesto del espíritu y del valor. Un perfume a idealismo subyace tras la apariencia su- rrealista de esos escenarios, a veces truculentos, que aunque vagamente recuerdan las fantásticas composicio- nes alegóricas de Arcimboldo, aportan un componente mito- lógico y espiritual que provoca debate e incita a una profunda reflexión. El limón, fruta purificadora, presente en múltiples capítu- los de la historia sagrada, sim- boliza, para muchas culturas ancestrales, todo el conjunto de bienes que Dios proporcio- na a la humanidad, partiendo del momento en que crea un huerto en el edén sembrado de limoneros y otros árboles de fruta jugosa. Establecien- do símiles con la decadencia del ser humano, su declive y los interesantes paralelismos con los que hábilmente juega configuran un discurso apabu- llante, limpio y certero.

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